Hace un tiempo escribí que a veces ciertos períodos de la vida, de lo que pasó entre ellos, para así evaluar las cosas que ya pasaron allí los clasificaba sobre qué pasó entre Mundial y Mundial (Me refiero al Fútbol, por supuesto. Es que en el caso de otra disciplina, es simplemente un campeonato mundial). Así como los cientistas políticos pueden hablar del período que dura un cierto gobierno o los economistas de un determinado ciclo económico, suelo ocupar el período entre mundiales para hacer balances. Ciertamente no es un modo muy científico para ordenar las ideas, pero es útil.
Pero a veces suceden cosas inesperadas, como simplemente estar un día viernes en cama. Contrario a pseudo principios, vi las Olimpíadas –en estricto rigor el tenis- , me acordé del 2004. Fue un año malo, que comenzó y terminó mal. En febrero de ese año, dejé de estar con la única mujer de la que me he considerado enamorado y la Lepra ganó el Clausura argentino en diciembre. En marzo, la Católica jugó el peor campeonato en años, con Garré en el banco y con el Mago Capria en cualquier lado menos haciendo fútbol, lo que se le ocurrió empezar a hacer el semestre siguiente en Argentina, y más encima, en la Lepra. Por cierto, pasaron cosas más importantes que estos dos hechos, sobre todo el primero, que marcó un año de perros.
Cuando pasa el tiempo, uno hace balances como la gente, y mira las cosas en su justa medida. O mejor dicho, en una medida más razonable. Aún cuando no me he vuelto a enamorar, no era el amor de mi vida –espero-, Newell’s no volvió a salir campeón –aunque Central tampoco-, la Católica sí, y mi vida en muchas comenzó a cambiar. No para mal, no sabría decir si para mejor, pero cambió en muchas cosas y cuatro años, aunque sea una olimpíada, éste es un minuto que sirve para hacer un balance.
Hace casi cuatro años, González perdió la semifinal y pelear por el oro. Terminaba mi tesis – en realidad el trabajo para salir de periodismo que se llamaba así-, y postulé por primera vez a la diplomacia. Escribía artículos de internacionales desde mi casa, me pagaban como cuarenta lucas al mes, lo que me parecía cagón, pero aceptable, lo que bastaba. Acababa de morir mi abuela y de nacer mi sobrino. Un primo muy querido se iba a Londres, a doctorarse, y yo en clases de alemán, con el secreto deseo de no ser un burócrata de cancillería y seguir el mismo camino.
Poco tiempo después me fui a Santiago a empezar un magíster, y allí empezó otra historia, pero que en realidad siempre ha sido la misma. Empecé a estudiar algo que me gustaba bastante más, aunque al final las cosas no son tan bonitas y éstas vuelven a su curso, de altos y bajos. El segundo intentó por ser un burócrata de cancillería, afortunadamente, se volvió a quemar en la puerta del horno. Dentro de ese ir y venir, por allí, encontré un cierto camino, que me permitió estar donde estoy, por Dios gracias lejos del periodismo –al menos no vivir de él-, con hambre aún de aprender y vivir de ello.
Hubo casas varias, piezas varias, y habrán más. En mis actuales nueve metros de soberanía, los papeles se amontonan y allí siempre hay lugar para un buen libro, una película, escribir cosas como éstas. Hay espacios para cosas del pasado, recuerdos, pero también las cosas inconclusas del presente e ideas del futuro. Existe un contrato y aquellas cosas mínimas que en aquel entonces parecían imposibles. Hoy en Santiago por fin llueve, y no sólo porque cae agua del cielo. También caen ideas, recuerdos, el balance, que se gatillaron viendo un partido de tenis, en una Olimpíada y con Solabarrieta de fondo, lo que le da más mérito aún.
Cuatro años después, González pelea el oro, un leproso me devolvió la alegría por ver fútbol, pierdas o ganes. La Católica sigue más menos donde mismo, y uno sigue, pese a que la razón diga lo contrario, allí mismo. Mi primo volvió de Londres y yo no me fui a Berlín, y con un camino, no tan claro a veces, pero una ruta por donde seguir, lo que en un año como fue ese 2004 no permitía ver, pero que mirándolo hoy día, era inevitable. Tal vez incluso, necesario, es que cuando el precio duele, uno se da cuenta de las cosas.
viernes, 15 de agosto de 2008
lunes, 11 de agosto de 2008
Los putos olímpicos
Cada cuatro años, existe un período que dura aproximadamente tres semanas en los que debiera golpearme el pecho –no a lo Señor de la Querencia- porque en ese minuto, desde 1996 al menos, he tenido la suerte de tener TV Cable: me refiero a los Juegos Olímpicos. No lo digo con gusto, sino con cierta dosis de vergüenza. Es que este tipo de eventos son algo importantes y como está esa siutiquería llamada espíritu olímpico – es más fácil y útil andar por la vida siendo lo más decente posible-, se hace difícil criticarlo. Suena feo decir algo no bonito respecto a los Juegos Olímpicos sin quedar como un troglodita, por pensar que un Mundial de Fútbol es mejor, o un imbécil. Es como venir de donde vengo y decir que me gustan los libros, pero proclamar que leer a García Márquez y todo lo que ello significa, en realidad es una lata espantosa.
Cuesta una enormidad encontrar un concepto que englobe a esta pesadilla, y lo que más se aproxima a ello, da más vergüenza aún, por quien lo dijo y en qué circunstancias lo dijo: los olímpicos “me tienen curco”. Tratando de ser tolerante, no tengo nada contra los otros deportes. Es bueno saber que existen deportes como la gimnasia rítmica, la esgrima, diversas pruebas de ciclismo, voleibol o handball. En el colegio practiqué atletismo y ver en el estadio una posta, los cien metros, el lanzamiento de la jabalina o el salto con garrocha es muy entretenido, pero verlo en televisión, en un concentrado de tres semanas, mata a cualquier cerebro. Aunque el control remoto se detenga en ese veneno.
Ejemplos. Una carrera de 100 metros dura 10 segundos. Se te cae un control remoto o te llaman por teléfono y cagaste, te perdiste todo. O ver el lanzamiento de bala, una lata. O uno empieza a ver el basquetbol, está en lo mejor para que muestren la competencia de waterpolo, un desastre. No creo que la culpa la tengan los deportes, sino la TV y uno mismo como televidente o lector de diarios. Es sulfurante ver o leer tipos hablar de otra cosa que no sea fútbol, como que las bajara la culpa por no pescar demasiado estos otros deportes en los cuatro años previos o quisieran demostrar que no son sólo cabezas de pelota, como si fuera un pecado mortal.
A diferencia de otras versiones, el tormento en su versión 2008 da motivos extras para no quedar como un troglodita recalcitrante: China. Aunque también, es fácil caer en lugares comunes. Uno es el uso político del deporte, algo más viejo que el hilo negro, y donde hubo casos peores como los juegos de Berlín, Moscú o Los Ángeles, el Mundial de Italia en la década del 30’ o Argentina 78’, donde se festejaban los goles de Kempes mientras la dictadura de Videla, una vez terminado el partido, volvía a lo suyo. Otro es la misma China, que a diferencia de la URSS, es el nuevo taller del mundo –como Inglaterra en la Revolución Industrial- y mantiene a EE.UU. a flote, comprándole bonos del Tesoro a destajo.
El COI le dio una oportunidad única de legitimar a un régimen espantoso, que se da el lujo de hacer lo que se le antoja, pero que a diferencia de la Alemania nazi o incluso de la URSS cuando daba algún susto, nadie se le atreve a hacerle un boicot, aunque es cierto que en su minuto, tanto no se hizo. Pero es injusto pedirle al COI que haga lo que el resto del mundo no hizo cuando debió hacerlo. Lo único, al final del día es saber que queda un día menos y rezar para que el monstruo que será China en unas décadas, no pasé de ser una futura pesadilla que es hoy.
Cuesta una enormidad encontrar un concepto que englobe a esta pesadilla, y lo que más se aproxima a ello, da más vergüenza aún, por quien lo dijo y en qué circunstancias lo dijo: los olímpicos “me tienen curco”. Tratando de ser tolerante, no tengo nada contra los otros deportes. Es bueno saber que existen deportes como la gimnasia rítmica, la esgrima, diversas pruebas de ciclismo, voleibol o handball. En el colegio practiqué atletismo y ver en el estadio una posta, los cien metros, el lanzamiento de la jabalina o el salto con garrocha es muy entretenido, pero verlo en televisión, en un concentrado de tres semanas, mata a cualquier cerebro. Aunque el control remoto se detenga en ese veneno.
Ejemplos. Una carrera de 100 metros dura 10 segundos. Se te cae un control remoto o te llaman por teléfono y cagaste, te perdiste todo. O ver el lanzamiento de bala, una lata. O uno empieza a ver el basquetbol, está en lo mejor para que muestren la competencia de waterpolo, un desastre. No creo que la culpa la tengan los deportes, sino la TV y uno mismo como televidente o lector de diarios. Es sulfurante ver o leer tipos hablar de otra cosa que no sea fútbol, como que las bajara la culpa por no pescar demasiado estos otros deportes en los cuatro años previos o quisieran demostrar que no son sólo cabezas de pelota, como si fuera un pecado mortal.
A diferencia de otras versiones, el tormento en su versión 2008 da motivos extras para no quedar como un troglodita recalcitrante: China. Aunque también, es fácil caer en lugares comunes. Uno es el uso político del deporte, algo más viejo que el hilo negro, y donde hubo casos peores como los juegos de Berlín, Moscú o Los Ángeles, el Mundial de Italia en la década del 30’ o Argentina 78’, donde se festejaban los goles de Kempes mientras la dictadura de Videla, una vez terminado el partido, volvía a lo suyo. Otro es la misma China, que a diferencia de la URSS, es el nuevo taller del mundo –como Inglaterra en la Revolución Industrial- y mantiene a EE.UU. a flote, comprándole bonos del Tesoro a destajo.
El COI le dio una oportunidad única de legitimar a un régimen espantoso, que se da el lujo de hacer lo que se le antoja, pero que a diferencia de la Alemania nazi o incluso de la URSS cuando daba algún susto, nadie se le atreve a hacerle un boicot, aunque es cierto que en su minuto, tanto no se hizo. Pero es injusto pedirle al COI que haga lo que el resto del mundo no hizo cuando debió hacerlo. Lo único, al final del día es saber que queda un día menos y rezar para que el monstruo que será China en unas décadas, no pasé de ser una futura pesadilla que es hoy.
Los 80’.
Por aquellas casualidades, la idea original de lo que iba a escribir cambió. No fue porque una idea mejor surgió, sino porque el pen drive donde estaba al texto, lo olvidé quedó en la oficina. Por eso, y por unos amigos que abrieron una cuenta facebook pelando los 80’ como una década de mierda, y sobre cómo ésta pasó a ser símbolo de una década de monos animados o una especie de cultura pop, como si esa década se refiriera sólo a espectáculos con luces de neón transmitidas en 525 líneas. Es una década de mierda, pero es raroque tenga este discurso, pues en aquellos años, lejos estuve de tener motivos para odiarla.
Es más, los 80’ fueron bastante felices en lo personal. Me salvé de ver todos monos de los que hablan mis amigos (a Concepción sólo llegaba Canal 13 y TVN), mi espectro se limitaban a jugar a los soldados, armar los tente –una versión elaborada de los lego- , ir a los lobatos los sábados por la mañana, jugar a la pelota. Encontrar linda a otra compañera de colegio, sin el sentido hormonal que el concepto de hermosura adquiriría en la adolescencia o en la complejidad que tiene años después. Cuando las cosas eran más simples o quizá es el simple recuerdo de una infancia bastante feliz, y su simple idealización.
Aún con ello, con el tiempo y algunos amigos, no queda más que concordar en que los 80’ fueron una mierda. Es la década del PEM y POJH, de estados de sitio y toques de queda, de cuando salir a protestar era poner en riesgo la vida, en cuando Pinochet pudo haber seguido o cuando los bancos hicieron perro muerto y el Estado –los milicos en esa época- no hallaron nada mejor que salvarlos. Cuando tuvimos incluso nuestro propio circo, con Maripepa Nieto e incluso The Police pituteando en el Festival de Viña, aunque años después volviese con Amnistía. Si bien lo chatarra de los 80’ –clasificado siúticamente como cultura pop- no fue a Chile como lo fue el Mundial del 78’ en Argentina.
Es duro, pese a que fuera feliz en un país de mierda. No es que viviera en una burbuja, sabía donde vivía y bastaban mis 8 años para darme cuenta de lo que pasaba y dónde vivíamos –algo de eso se escribió hace un tiempo- a diferencia que quienes eran niños o adolescentes en los 70’ y argumentaron que su edad los hizo incapaces de ver. Siendo comprensivos, en tiempos difíciles cuesta no ser demasiado humano, por decirlo elegantemente.
No es que me sienta incómodo por haber tenido una infancia bastante feliz en medio de una década de mierda, pero esa década deja una sensación rara. El problema está en que a veces las propias experiencias personales nublan la perspectiva de las cosas, por más que el estudio, la rigurosidad de mirar las cosas de lejos sean más válidas, terminen por aparecer en un puesto secundario frente a la experiencia directa.
Suena un poco a la clásica pelea con mi papá cuando hablamos del 73; siempre termina la discusión con que a él no le lo contaron en un libro, sino que lo vivió con sus propios ojos. Allí siempre termina todo, para volver a empezar a algún día de nuevo. Ante eso, poco cuentan los argumentos. Si la vida la miráramos siempre desde arriba, seríamos más sabios, pero no viviríamos. Al mismo tiempo, no necesito haber vivido el POJH o ser torturado por la CNI para saber que eso ocurría mientras daban los Magníficos los miércoles y Martes 13 la noche anterior. Bueno, cierto es que no ví la cara fea de los 80' por azar: empecé a dejar de ser niño en una década más decente, los 90’.
Es más, los 80’ fueron bastante felices en lo personal. Me salvé de ver todos monos de los que hablan mis amigos (a Concepción sólo llegaba Canal 13 y TVN), mi espectro se limitaban a jugar a los soldados, armar los tente –una versión elaborada de los lego- , ir a los lobatos los sábados por la mañana, jugar a la pelota. Encontrar linda a otra compañera de colegio, sin el sentido hormonal que el concepto de hermosura adquiriría en la adolescencia o en la complejidad que tiene años después. Cuando las cosas eran más simples o quizá es el simple recuerdo de una infancia bastante feliz, y su simple idealización.
Aún con ello, con el tiempo y algunos amigos, no queda más que concordar en que los 80’ fueron una mierda. Es la década del PEM y POJH, de estados de sitio y toques de queda, de cuando salir a protestar era poner en riesgo la vida, en cuando Pinochet pudo haber seguido o cuando los bancos hicieron perro muerto y el Estado –los milicos en esa época- no hallaron nada mejor que salvarlos. Cuando tuvimos incluso nuestro propio circo, con Maripepa Nieto e incluso The Police pituteando en el Festival de Viña, aunque años después volviese con Amnistía. Si bien lo chatarra de los 80’ –clasificado siúticamente como cultura pop- no fue a Chile como lo fue el Mundial del 78’ en Argentina.
Es duro, pese a que fuera feliz en un país de mierda. No es que viviera en una burbuja, sabía donde vivía y bastaban mis 8 años para darme cuenta de lo que pasaba y dónde vivíamos –algo de eso se escribió hace un tiempo- a diferencia que quienes eran niños o adolescentes en los 70’ y argumentaron que su edad los hizo incapaces de ver. Siendo comprensivos, en tiempos difíciles cuesta no ser demasiado humano, por decirlo elegantemente.
No es que me sienta incómodo por haber tenido una infancia bastante feliz en medio de una década de mierda, pero esa década deja una sensación rara. El problema está en que a veces las propias experiencias personales nublan la perspectiva de las cosas, por más que el estudio, la rigurosidad de mirar las cosas de lejos sean más válidas, terminen por aparecer en un puesto secundario frente a la experiencia directa.
Suena un poco a la clásica pelea con mi papá cuando hablamos del 73; siempre termina la discusión con que a él no le lo contaron en un libro, sino que lo vivió con sus propios ojos. Allí siempre termina todo, para volver a empezar a algún día de nuevo. Ante eso, poco cuentan los argumentos. Si la vida la miráramos siempre desde arriba, seríamos más sabios, pero no viviríamos. Al mismo tiempo, no necesito haber vivido el POJH o ser torturado por la CNI para saber que eso ocurría mientras daban los Magníficos los miércoles y Martes 13 la noche anterior. Bueno, cierto es que no ví la cara fea de los 80' por azar: empecé a dejar de ser niño en una década más decente, los 90’.
jueves, 31 de julio de 2008
Cuento viejo.
Hay lugares comunes, y dentro de esta clasificación, ciertamente existen algunos más comunes que otros. Uno de ellos son los políticos. Pero esto no es lo que suena. Si existe algo odioso es la gente que habla mal de ellos. Que son unos ladrones, lo peor de lo nuestro, lo único que sirven es para nada, corruptos, viven en otro planeta, etcétera. Tampoco es que sean santos de mi devoción (no tengo alguno en realidad) ni que sean simplemente un mal necesario (esos son los bancos). No se trata de sacar reflexiones importantes, para eso están los cientistas políticos (los serios).
En estos días, la política se vuelve entretenida. No edificante, ni profunda ni mucho menos interesante. Pero si muy entretenida. Obviamente, me refiero a la época de elecciones. Es el tiempo donde los gallos se miden en la cancha, en una especie de test match donde el trofeo en juego es de bastante mayor importancia que la Copa Gato, Chile o incluso una Libertadores. Nada menos que el poder. Es cierto que en las municipales vota bastante menos gente que en una parlamentaria, para qué decir de una presidencial. Tiene su razón en que el sentido épico de una elección de vida o muerte no se da dentro de una comuna, aunque lo trascendente que pueda tener un comicio, más aún comunal, hace rato no tiene demasiado sentido.
Ello sin contar que suena bastante mirador en menos pensar que pavimentar una calle, o autorizar una feria libre o quitarle la patente a una botillería no sea muy elevado ni importante, dado es la experiencia directa que casi todo el mundo tiene con lo político. Un alcalde está a cargo de la educación o la salud de mucha gente y es el intermediario, el que pone firma a muchas soluciones, aunque no sea con recursos de ellos. En cambio, un parlamentario habla. En Chile, los alcaldes son como verdaderos reyes, efectistas como pocos y capaces de crear redes clientelísticas como nadie. Son lo más cercano a un peronista a este lado de la cordillera, lo que de paso, le pone cierto sabor a nuestro medio político.
Llegará la campaña. Chapitas, folletos, poleras si te haces amigo de alguien de un comando (nunca están de más si planeas pintar la pieza, mudarte de casa o te hace falta un pijama), colgantes de celular o una polaroid y apretón de manos con el candidato. Una oportunidad histórica para comenzar a armar un archivo histórico de nuestro acervo electoral o juntar mugre, como se le mire. Y la elección por supuesto, pero para ello falta paño que cortar.
En estos días, la política se vuelve entretenida. No edificante, ni profunda ni mucho menos interesante. Pero si muy entretenida. Obviamente, me refiero a la época de elecciones. Es el tiempo donde los gallos se miden en la cancha, en una especie de test match donde el trofeo en juego es de bastante mayor importancia que la Copa Gato, Chile o incluso una Libertadores. Nada menos que el poder. Es cierto que en las municipales vota bastante menos gente que en una parlamentaria, para qué decir de una presidencial. Tiene su razón en que el sentido épico de una elección de vida o muerte no se da dentro de una comuna, aunque lo trascendente que pueda tener un comicio, más aún comunal, hace rato no tiene demasiado sentido.
Ello sin contar que suena bastante mirador en menos pensar que pavimentar una calle, o autorizar una feria libre o quitarle la patente a una botillería no sea muy elevado ni importante, dado es la experiencia directa que casi todo el mundo tiene con lo político. Un alcalde está a cargo de la educación o la salud de mucha gente y es el intermediario, el que pone firma a muchas soluciones, aunque no sea con recursos de ellos. En cambio, un parlamentario habla. En Chile, los alcaldes son como verdaderos reyes, efectistas como pocos y capaces de crear redes clientelísticas como nadie. Son lo más cercano a un peronista a este lado de la cordillera, lo que de paso, le pone cierto sabor a nuestro medio político.
Llegará la campaña. Chapitas, folletos, poleras si te haces amigo de alguien de un comando (nunca están de más si planeas pintar la pieza, mudarte de casa o te hace falta un pijama), colgantes de celular o una polaroid y apretón de manos con el candidato. Una oportunidad histórica para comenzar a armar un archivo histórico de nuestro acervo electoral o juntar mugre, como se le mire. Y la elección por supuesto, pero para ello falta paño que cortar.
miércoles, 30 de julio de 2008
ABC Municipal 2008
Si bien cumplir la mayoría de edad no marca un antes o después para hacer muchas cosas, hay cosas para las que es necesario cumplir 18. Y puede decir mucho de uno quien lo hace. Algunos sacan carnet de manejar, otros viajan fuera de Chile por primera vez. En mi caso, me inscribí en los registros electorales y voté hace ya largos once años. Casi soy un veterano en estas lides, en entintarse el dedo, doblar el voto y ponerle la estampilla. Incluso hasta podría sonreír ante un flash mientras deposito el sufragio en la urna (un cajón de manzana adaptado para la ocasión). Más de una vez me vi tentado de llevarme el lápiz grafito como souvenir, pero hay que mantener la compostura.
No obstante, tanto espíritu cívico me traicionó y terminé siendo vocal de mesa, aunque en mi defensa, me enteré de ello por el diario y no por leso, como ir a votar a las siete de la mañana. Y resultó como pueden ser las primeras veces en algunas ocasiones: podría haber sido peor. Si ser vocal puede ser fome, más lo es en una municipal sin emoción y más aún en una mesa que de antemano se ve tan aburrida que ni llegan apoderados de mesa a asomarse. Pero como trato dejar la rabia y la pica para cosas que valgan más la pena enojarse, no sólo dejo atrás la modorra pasada sino que dejo esta pequeña y humilde contribución: un pequeño ABC para esta municipal que se nos avecina.
Así como hay algunos que dan lecciones (o cuentos) sobre mujeres, otros recetas para pasar la caña y asomarse dignamente al almuerzo del domingo, y los más bravos a vivir relajados entre tanto idiota por metro cuadrado, puedo hacer un esfuerzo en esto. Un espíritu más 2.0 o wikipedista me diría que debiera nutrirme con contribuciones de lectores. Pero como no tengo la más puta idea si esto se lee ni sé habilitar comentarios (a lo mejor lo hice y no me di cuenta: no es primera vez que me pasa). Es lo que hay.
Alcalde: la versión cívica del cacique. Si es de un pueblo chico puede llegar a ser una versión posmoderna y refinada del patrón de fundo. Puede reelegirse cuantas veces quiere. Notiene la plata de un Ministro de Hacienda en tiempos del boom del Cobre y es lo más cercano que tenemos a un peronista.
Alianza: suma de la UDI más una montonera llamada RN.
Colorines: ex militantes de la DC incomprendidos por el mundo, guardianes de la ortodoxia socialcristiana con un celo de tal magnitud que sólo ellos saben dónde está. Haciendo honor a la sigla donde ahora pertenecen (PRI) se tomaron su nuevo hogar en una operación digna del viejo Corleone.
Concejal: hasta el 2004, el premio de consuelo si no se resultaba electo alcalde. Después de esa fecha, aún no lo sé. Sería injusto eso sí atribuirle algo negativo, como también atribuirle algo que no lo sé. Es como el dedo chico del pie, para algo servirá.
Concertación Democrática: Democracia Cristiana y Partido Socialista
Concertación Progresista: El PPD y los radicales
Concertación por la Democracia: las dos anteriores sumadas, que se supone después de Octubre volverán a ser juntas como hermanastros.
Chileprimero: PPD en su versión pura. Expulsados del PPD por ser más papista que el Papa. Si tienen blog, serían también parte de Atina Chile.
Juntos Podemos: pacto que en realidad significa algo así como “entre todos la hacemos”. Dueña de una solidez granítica que se agrieta cuando hay que votar en segunda vuelta o esperar que el Congreso por fin se raje con un sistema que suelte un diputado como moneda que cae del teléfono público. Un ejemplo que ilustra que dos más dos no necesariamente es cuatro.
PC: Antiguos come lactantes que ya no asustan ni en bajada, salvo a veteranos de la guerra contra el marxismo, blogistas mercuriales u ociosos escritores de misivas al director del Decano, o monumentos nacionales a los que la amenazaban en sus tiernos años con la versión bolchevique del viejo del saco si no se comían la comida. Sigla con la que hoy se conoce a un computador de escritorio.
PDC: Conceptualmente complicado. Hombres de sangre amarilla. La verdad, bastante respetables. Mochila con la que me cargan a tallas, como algo que siempre fui en el fondo. Por colegio, biografía etc. Elemento que me haría ser una especie de Anakin Skywalker, con la flecha roja comiéndome silenciosamente el brazo y el alma sin darme cuenta. Un riesgo, sobre todo que cada día soy más viejo.
PPD: Indefinible. Si en una licuadora se meten una naranja y un plátano, sale un jugo de de naranja plátano. Pero si a eso se le añade un tomate, una manzana, un pepino, kiwi, frutilla y melón calamañeno, pierde el sabor y sale cualquier cosa. Y si a esa mezcla, se le echa un durazno, sigue saliendo cualquier cosa. Eso es el PPD. Tiene todos los ex: MAPU (ya partimos mal), comunistas, miristas, izquierdistas cristianos, evangélicos, ecologistas, progresistas, liberales, necesitados de un pituto, etcétera.
PRI: Sigla de origen mexicano, que agrupa a provincianos llorones del centralismo y caciques, fundamentalmente nortinos. En la actualidad en toma por los colorines. Los provincianos siguen allí, como invitados. Se ponen con la once y ayudan a pagar las cuentas.
PS: Parecido al PPD (pero no igual) aunque respetable. Tiene Comité Central, historia y cierta argumentación intelectual. De compleja relación con el PC, es como el ex, pero vengativo.
Radicales: Al igual que los hinchas de la Unión Española, sub-110 en su mayoría (lo que dice el prejuicio eso sí). Me sentaría con ellos en la mesa, sin duda. Comen y toman bien. Buenos negociantes de cupos parlamentarios. Pillos, buenos si se tienen de socios.
RN: Montonera venida a más debido a la presencia en sus registros de militantes de un candidato presidencial favorito en la quiniela y que tiene gruesa billetera propia. Tienen en su militancia desde antiguo momio que se formó leyendo el Diario Ilustrado hasta liberales que quieren una derecha moderna –no chilena. Tienen el complejo de antiguo hijo natural, que busca ser reconocido por el hermano extranjero. El único problema es que afuera la derecha es la DC, y acá, son ellos.
UDI: Los guardianes de la cristiandad y la civilización occidental, pero bien vestidos y de universidades reconocidas (no necesariamente por el Estado). Con problemas de crecimiento (les ha ido bien) y ciertos síntomas de montonera, pocos eso sí. El nuevo Ejército Blanco comebolcheviques, pero efectivo. Disciplinados como los viejos comunistas, pero con billetera propia.
No obstante, tanto espíritu cívico me traicionó y terminé siendo vocal de mesa, aunque en mi defensa, me enteré de ello por el diario y no por leso, como ir a votar a las siete de la mañana. Y resultó como pueden ser las primeras veces en algunas ocasiones: podría haber sido peor. Si ser vocal puede ser fome, más lo es en una municipal sin emoción y más aún en una mesa que de antemano se ve tan aburrida que ni llegan apoderados de mesa a asomarse. Pero como trato dejar la rabia y la pica para cosas que valgan más la pena enojarse, no sólo dejo atrás la modorra pasada sino que dejo esta pequeña y humilde contribución: un pequeño ABC para esta municipal que se nos avecina.
Así como hay algunos que dan lecciones (o cuentos) sobre mujeres, otros recetas para pasar la caña y asomarse dignamente al almuerzo del domingo, y los más bravos a vivir relajados entre tanto idiota por metro cuadrado, puedo hacer un esfuerzo en esto. Un espíritu más 2.0 o wikipedista me diría que debiera nutrirme con contribuciones de lectores. Pero como no tengo la más puta idea si esto se lee ni sé habilitar comentarios (a lo mejor lo hice y no me di cuenta: no es primera vez que me pasa). Es lo que hay.
Alcalde: la versión cívica del cacique. Si es de un pueblo chico puede llegar a ser una versión posmoderna y refinada del patrón de fundo. Puede reelegirse cuantas veces quiere. Notiene la plata de un Ministro de Hacienda en tiempos del boom del Cobre y es lo más cercano que tenemos a un peronista.
Alianza: suma de la UDI más una montonera llamada RN.
Colorines: ex militantes de la DC incomprendidos por el mundo, guardianes de la ortodoxia socialcristiana con un celo de tal magnitud que sólo ellos saben dónde está. Haciendo honor a la sigla donde ahora pertenecen (PRI) se tomaron su nuevo hogar en una operación digna del viejo Corleone.
Concejal: hasta el 2004, el premio de consuelo si no se resultaba electo alcalde. Después de esa fecha, aún no lo sé. Sería injusto eso sí atribuirle algo negativo, como también atribuirle algo que no lo sé. Es como el dedo chico del pie, para algo servirá.
Concertación Democrática: Democracia Cristiana y Partido Socialista
Concertación Progresista: El PPD y los radicales
Concertación por la Democracia: las dos anteriores sumadas, que se supone después de Octubre volverán a ser juntas como hermanastros.
Chileprimero: PPD en su versión pura. Expulsados del PPD por ser más papista que el Papa. Si tienen blog, serían también parte de Atina Chile.
Juntos Podemos: pacto que en realidad significa algo así como “entre todos la hacemos”. Dueña de una solidez granítica que se agrieta cuando hay que votar en segunda vuelta o esperar que el Congreso por fin se raje con un sistema que suelte un diputado como moneda que cae del teléfono público. Un ejemplo que ilustra que dos más dos no necesariamente es cuatro.
PC: Antiguos come lactantes que ya no asustan ni en bajada, salvo a veteranos de la guerra contra el marxismo, blogistas mercuriales u ociosos escritores de misivas al director del Decano, o monumentos nacionales a los que la amenazaban en sus tiernos años con la versión bolchevique del viejo del saco si no se comían la comida. Sigla con la que hoy se conoce a un computador de escritorio.
PDC: Conceptualmente complicado. Hombres de sangre amarilla. La verdad, bastante respetables. Mochila con la que me cargan a tallas, como algo que siempre fui en el fondo. Por colegio, biografía etc. Elemento que me haría ser una especie de Anakin Skywalker, con la flecha roja comiéndome silenciosamente el brazo y el alma sin darme cuenta. Un riesgo, sobre todo que cada día soy más viejo.
PPD: Indefinible. Si en una licuadora se meten una naranja y un plátano, sale un jugo de de naranja plátano. Pero si a eso se le añade un tomate, una manzana, un pepino, kiwi, frutilla y melón calamañeno, pierde el sabor y sale cualquier cosa. Y si a esa mezcla, se le echa un durazno, sigue saliendo cualquier cosa. Eso es el PPD. Tiene todos los ex: MAPU (ya partimos mal), comunistas, miristas, izquierdistas cristianos, evangélicos, ecologistas, progresistas, liberales, necesitados de un pituto, etcétera.
PRI: Sigla de origen mexicano, que agrupa a provincianos llorones del centralismo y caciques, fundamentalmente nortinos. En la actualidad en toma por los colorines. Los provincianos siguen allí, como invitados. Se ponen con la once y ayudan a pagar las cuentas.
PS: Parecido al PPD (pero no igual) aunque respetable. Tiene Comité Central, historia y cierta argumentación intelectual. De compleja relación con el PC, es como el ex, pero vengativo.
Radicales: Al igual que los hinchas de la Unión Española, sub-110 en su mayoría (lo que dice el prejuicio eso sí). Me sentaría con ellos en la mesa, sin duda. Comen y toman bien. Buenos negociantes de cupos parlamentarios. Pillos, buenos si se tienen de socios.
RN: Montonera venida a más debido a la presencia en sus registros de militantes de un candidato presidencial favorito en la quiniela y que tiene gruesa billetera propia. Tienen en su militancia desde antiguo momio que se formó leyendo el Diario Ilustrado hasta liberales que quieren una derecha moderna –no chilena. Tienen el complejo de antiguo hijo natural, que busca ser reconocido por el hermano extranjero. El único problema es que afuera la derecha es la DC, y acá, son ellos.
UDI: Los guardianes de la cristiandad y la civilización occidental, pero bien vestidos y de universidades reconocidas (no necesariamente por el Estado). Con problemas de crecimiento (les ha ido bien) y ciertos síntomas de montonera, pocos eso sí. El nuevo Ejército Blanco comebolcheviques, pero efectivo. Disciplinados como los viejos comunistas, pero con billetera propia.
martes, 22 de julio de 2008
El funcionario C.

Hay días en los que mejor es quedarse en la cama. Especialmente en invierno, con escolares en vacaciones (bueno, no todos en realidad) y cuando las sábanas se transforman en pesadas cadenas. Pero al final, las sábanas no son cadenas, sino pedazos de género que finalmente salen de una patada, debido a la falta de delicadeza que tiene el reloj de avanzar y que, bueno, al final hay que levantarse. El único problema es que uno se levanta con el pie izquierdo de todas formas, y uno no puede pedir una licencia por ello.
Hoy es uno de esos días en que andas con ganas de quedar en pausa, en que las cosas andan al revés. Es un día que, al mismo tiempo, no andas con las ganas de mandar todo a la soberana mierda. Es un día en que, simplemente, funcionas. Un día en que eres, simplemente, un funcionario. No de esos con estatuto público o tipo Universidad de Chile, en que tienes que casi poner una bomba atómica para que te echen, o que hasta para levantar el teléfono pides un memo a Contraloría, pero que estás como el promedio: estando pato, a tres cuartos de mes transcurrido; el Banco que te cobró la comisión mensual dos veces; hay más pega; el año se te hace como un día y la semana, como un fin de semana; de esos en que ni Facebook aparece como una alternativa agradable para sacar la vuelta. Veamos la causa de ello.
Creo que parte de la culpa la tiene el equipo del cual uno es hincha. En serio. La Católica es como esa mujer que sabes que es la mujer de tu vida, que es perfecta y lo tiene todo, pero como que algo le falta, de la que, sólo después de analizarlo, estás enamorado. Una relación medio esquizoide, que no vas a cortar, pero que a diferencia de una mujer, no sólo no te va a patear sino que volverás a ella sin dar siquiera una explicación. En que más que la mujer de tu vida, parece la mujer para el resto de tu vida
Tal vez es la Concertación. Porque al final, votas por ella. Aunque hayas votado por Hirsch, y votes por el candidato del PC en el 2009, siempre dejarás la capilla y volverás a la Catedral. Aunque vuelva Lagos o incluso Frei. Pese a que te des cuenta que ya no tiene ningún sentido, que éste gobierno es lo más cercano a un gobierno de centro-izquierda –que se supone que es la Concertación- que podrás ver sin que llamen a los militares a las calles al estilo de una espada de los Thundercats. A pesar que nunca le tuviste cariño, ni que ya no le tengas respeto, los volverás a votar en enero del 2010, aunque la derecha, más tenebrosa que el cuco o el viejo del saco, ya ni te asuste. No porque tenga piel de cordero, sino porque es cuento del lobo
Puede ser el que pertenezcas a una generación que es la nada misma. Que no peleó contra la dictadura y que cuando estabas en la Media, los pingüinos de 2006 estaban con suerte en la básica. Que cuando llegó la hora de ser “rebelde”, tipo 17 o los 18, estaban los Nuevos Tiempos de Frei más que vivos, no había crisis asiática, Arellano, José Pablo era un muro de Jericó ante un estudiantado sin trompetas que hacer sonar, y Pinochet no sólo aún no era benemérito, sino el activo general al que mis compañeros de curso le pedían autógrafos en Arica, durante el Viaje de Estudios de 1996.
Probablemente sea Chile. Un país donde el pueblo unido se parece más a una vieja canción de un Quilapayún antes de ser editado por EMI. Qué está bastante cerca del desarrollo como nunca, pero el que cada vez se ve más fome. Un país autosuficiente, medio depresivo, provinciano y egocéntrico. Ordenado, que siempre hace sus tareas pero que cada vez más se mira al ombligo. O simplemente yo con un mal día, que sin ser negro es solamente gris, donde sonó el despertador a la misma hora de siempre, quedaron cosas pendientes de ayer y que cuando amenazaba con llover, no llovió sino sólo ocurrió el frío de Santiago.
Hoy es uno de esos días en que andas con ganas de quedar en pausa, en que las cosas andan al revés. Es un día que, al mismo tiempo, no andas con las ganas de mandar todo a la soberana mierda. Es un día en que, simplemente, funcionas. Un día en que eres, simplemente, un funcionario. No de esos con estatuto público o tipo Universidad de Chile, en que tienes que casi poner una bomba atómica para que te echen, o que hasta para levantar el teléfono pides un memo a Contraloría, pero que estás como el promedio: estando pato, a tres cuartos de mes transcurrido; el Banco que te cobró la comisión mensual dos veces; hay más pega; el año se te hace como un día y la semana, como un fin de semana; de esos en que ni Facebook aparece como una alternativa agradable para sacar la vuelta. Veamos la causa de ello.
Creo que parte de la culpa la tiene el equipo del cual uno es hincha. En serio. La Católica es como esa mujer que sabes que es la mujer de tu vida, que es perfecta y lo tiene todo, pero como que algo le falta, de la que, sólo después de analizarlo, estás enamorado. Una relación medio esquizoide, que no vas a cortar, pero que a diferencia de una mujer, no sólo no te va a patear sino que volverás a ella sin dar siquiera una explicación. En que más que la mujer de tu vida, parece la mujer para el resto de tu vida
Tal vez es la Concertación. Porque al final, votas por ella. Aunque hayas votado por Hirsch, y votes por el candidato del PC en el 2009, siempre dejarás la capilla y volverás a la Catedral. Aunque vuelva Lagos o incluso Frei. Pese a que te des cuenta que ya no tiene ningún sentido, que éste gobierno es lo más cercano a un gobierno de centro-izquierda –que se supone que es la Concertación- que podrás ver sin que llamen a los militares a las calles al estilo de una espada de los Thundercats. A pesar que nunca le tuviste cariño, ni que ya no le tengas respeto, los volverás a votar en enero del 2010, aunque la derecha, más tenebrosa que el cuco o el viejo del saco, ya ni te asuste. No porque tenga piel de cordero, sino porque es cuento del lobo
Puede ser el que pertenezcas a una generación que es la nada misma. Que no peleó contra la dictadura y que cuando estabas en la Media, los pingüinos de 2006 estaban con suerte en la básica. Que cuando llegó la hora de ser “rebelde”, tipo 17 o los 18, estaban los Nuevos Tiempos de Frei más que vivos, no había crisis asiática, Arellano, José Pablo era un muro de Jericó ante un estudiantado sin trompetas que hacer sonar, y Pinochet no sólo aún no era benemérito, sino el activo general al que mis compañeros de curso le pedían autógrafos en Arica, durante el Viaje de Estudios de 1996.
Probablemente sea Chile. Un país donde el pueblo unido se parece más a una vieja canción de un Quilapayún antes de ser editado por EMI. Qué está bastante cerca del desarrollo como nunca, pero el que cada vez se ve más fome. Un país autosuficiente, medio depresivo, provinciano y egocéntrico. Ordenado, que siempre hace sus tareas pero que cada vez más se mira al ombligo. O simplemente yo con un mal día, que sin ser negro es solamente gris, donde sonó el despertador a la misma hora de siempre, quedaron cosas pendientes de ayer y que cuando amenazaba con llover, no llovió sino sólo ocurrió el frío de Santiago.
Entre el anticomunismo y la tontera.

Lo sé. Leer “El Mercurio” hace mal, pero echar una hojeada –y opinar- en el blog mercurial, puede ser peor. En realidad, no sé que puede ser peor. Tratando de ser objetivo, en realidad peor es el blog. Pareciera que Chile es otro planeta, en donde un viejo lugar común se repite: la bestia roja. Una versión 2.0 de comeguaguas, pirómanos de conventos, violadores de monjas, agitadores de los campos, los que tras un destierro en el baúl de la historia, aparecen con la naftalina a cuestas desde el exilio de los recuerdos.
La presidenta Bachelet pareciera un atormentado Kerensky en el Palacio de Invierno, aunque La Moneda sea su versión papel roneo (la original fue destruida por los Hawker Hunter en 1973) a la espera de un ejército blanco que esta vez sí sepa hacer frente a nuestras propias hordas de Trotsky. El ministro Andrade es una especie de Juan Negrín , al que sólo falta entregar fusiles a furiosos obreros y donde Velasco, Andrés vendría a ser una especie de Manuel Azaña, menos decorativo que el presidente de la República eso sí. Los obreros se han alzado, aunque creo que más bien nos acostumbramos a una especie de capitalismo esquizoide, donde los sindicatos no existían o eran como lo vieja sede de la Cut, cayéndose a pedazos. Aunque lo normal, en una sociedad normal, es que existan
Poco importa que poco quede de ello. Que ya no somos tan pobres, aún cuando sea posible seguir encontrando al Luchín de Víctor Jara, aunque sin la regularidad que en aquellos años. Que el hombre nuevo haya vuelto a ser viejo, sea por el exilio, la tortura, una vuelta de chaqueta o la simplemente la vida misma.
Todo esto es curioso, casi ridículo, pero viejos fantasmas aparecen en los blogs, en especial el mercurial. Pero más curioso, es que el comunismo sea como es en estos días el ministro Velasco: culpable de todo. ¿La herencia de 1973? Es curioso, pero en aquellos años, los socialistas parecían estar más cerca de lo que podría haber sido nuestro 18 de Julio de 1936, (que simplemente fue un 11 de Septiembre) donde un incendiario subsecretario de Economía MAPU - posterior presidente de la Telefónica chilena- se parecía más a nuestra versión de Durruti que el próspero empresario postdictadura que termino siendo. Y los comunistas, bueno, terminaron siendo lo que simplemente fueron.
Pero hoy, pagaron el pato. No EL, sino varios. Inclusive los que no les correspondían. Hoy mendigan una alcaldía por aquí, otra por allá, alguna diputación dentro del binominal que caiga como moneda de algún teléfono público. Entonces, por qué tanta rabia con ellos ¿Quizá fue porque, varios años después de 1973, tomaran las armas y no apostaron por la democracia posible? Tal vez, pero el que hoy los comunistas, marxistas o como se llamen sean parte de las hordas colectivas, no tenga que ver en su totalidad con 1973, ni siquiera con Frei. También con los años de González Videla, e incluso con la Guerra de España, con los años del salitre y los obreros que bajaron de la pampa a Santiago.
No ser comunista no implica ser anticomunista. El anticomunismo es más una enfermedad, que lleva décadas, mucho antes de 1973. Implica no reconocer la complejidad y diversidad que existió entre los mismos marxistas incluso durante una misma época. Es estar ciego a que la URSS y el Pacto de Varsovia se pareció más a la vieja inseguridad rusa por sus fronteras que a un revolución proletaria.
La presidenta Bachelet pareciera un atormentado Kerensky en el Palacio de Invierno, aunque La Moneda sea su versión papel roneo (la original fue destruida por los Hawker Hunter en 1973) a la espera de un ejército blanco que esta vez sí sepa hacer frente a nuestras propias hordas de Trotsky. El ministro Andrade es una especie de Juan Negrín , al que sólo falta entregar fusiles a furiosos obreros y donde Velasco, Andrés vendría a ser una especie de Manuel Azaña, menos decorativo que el presidente de la República eso sí. Los obreros se han alzado, aunque creo que más bien nos acostumbramos a una especie de capitalismo esquizoide, donde los sindicatos no existían o eran como lo vieja sede de la Cut, cayéndose a pedazos. Aunque lo normal, en una sociedad normal, es que existan
Poco importa que poco quede de ello. Que ya no somos tan pobres, aún cuando sea posible seguir encontrando al Luchín de Víctor Jara, aunque sin la regularidad que en aquellos años. Que el hombre nuevo haya vuelto a ser viejo, sea por el exilio, la tortura, una vuelta de chaqueta o la simplemente la vida misma.
Todo esto es curioso, casi ridículo, pero viejos fantasmas aparecen en los blogs, en especial el mercurial. Pero más curioso, es que el comunismo sea como es en estos días el ministro Velasco: culpable de todo. ¿La herencia de 1973? Es curioso, pero en aquellos años, los socialistas parecían estar más cerca de lo que podría haber sido nuestro 18 de Julio de 1936, (que simplemente fue un 11 de Septiembre) donde un incendiario subsecretario de Economía MAPU - posterior presidente de la Telefónica chilena- se parecía más a nuestra versión de Durruti que el próspero empresario postdictadura que termino siendo. Y los comunistas, bueno, terminaron siendo lo que simplemente fueron.
Pero hoy, pagaron el pato. No EL, sino varios. Inclusive los que no les correspondían. Hoy mendigan una alcaldía por aquí, otra por allá, alguna diputación dentro del binominal que caiga como moneda de algún teléfono público. Entonces, por qué tanta rabia con ellos ¿Quizá fue porque, varios años después de 1973, tomaran las armas y no apostaron por la democracia posible? Tal vez, pero el que hoy los comunistas, marxistas o como se llamen sean parte de las hordas colectivas, no tenga que ver en su totalidad con 1973, ni siquiera con Frei. También con los años de González Videla, e incluso con la Guerra de España, con los años del salitre y los obreros que bajaron de la pampa a Santiago.
No ser comunista no implica ser anticomunista. El anticomunismo es más una enfermedad, que lleva décadas, mucho antes de 1973. Implica no reconocer la complejidad y diversidad que existió entre los mismos marxistas incluso durante una misma época. Es estar ciego a que la URSS y el Pacto de Varsovia se pareció más a la vieja inseguridad rusa por sus fronteras que a un revolución proletaria.
Robert McNamara, el Donald Rumsfeld en la época de la crisis de los misiles, sufrió esta enfermedad. Reconoció hace un par de años, en un documental (Fog of War), el que quizá habría sido una de las grandes causas en la subestimación estadounidense hacia Vietnam: el andar viendo una lucha contra comunistas, mientras que los vietnamitas asumieron la guerra como la continuación de la lucha anticolonial, cuya primera fase había acabado en 1954. Pero aún, hay enfermedades que ni el fin de la Guerra Fría, la represión militar o el régimen civil post 1990 pudo curar del todo, como el anticomunismo. Leer el Diario Ilustrado o El Mercurio de aquellos años es leer en parte el blog mercurial de hoy y ver que en el fondo, hay cosas que se demoran más en cambiar.
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