sábado, 12 de julio de 2008

El retorno del Rey.



A falta del glamour de una dinastía y de los consiguientes escándalos mundanos inherentes a una Corte Real, Ricardo Lagos debe ser lo más parecido que hemos tenido a un monarca, claro que en su versión civil, republicana y democrática. Cierto es que, tomando en cuenta el ejercicio efectivo del poder, Pinochet fue lo más cercano a un rey. Pero a diferencia del general con nombre de emperador, Lagos carece de su mediocridad intelectual, no tiene líos con Impuestos Internos y tampoco posee un pasaporte como Daniel López u otro nombre de chapa.
Tiene esa cosa llamada estampa, no es petaco y le queda bien la banda tricolor. A diferencia del Señor de la Gerencia –como lo bautizó el Clinic-, no sólo no se cambia de equipo de fútbol por unos cuantos votos – ¿qué pensará Radomiro Tomic?- sino que no se hace la cirugía estética, y los ternos le quedan bien de mangas. A riesgo de caer en la caricatura, Lagos se parece a Francois Miterrand. El Estado soy yo o más bien Yo soy el Estado. Retando a sus ministros y periodistas, ofreciendo relaciones –a Bolivia- aquí y ahora o negándole un sí –que no es lo mismo que decir que no- a George W cuando decirle NO tenía algún costo.
Tengo incluso tengo mis dudas que el famoso Centro Cultural que está a un costado de La Moneda, en el subterráneo no se llame en realidad Museo Ricardo Lagos. La gente lo salió aplaudiendo, aunque en estos años pareciera que todo, partiendo por el Transantiago, fuera culpa de él. El pago de Chile. Dice que no está en campaña, aunque parece en una suerte de calculado autoexilio. Más bien está pendiente del calentamiento global, viajando con sus nietos por la Europa –la vieja- o siguiendo la contingencia desde Caleu, mordiéndose la lengua por no opinar más a menudo, aunque el invierno se le haga más llevadero (allí puede prender una chimenea).
Recientemente vimos lo más cercano al oráculo de Delfos en nuestra política chilensis: la famosaencuesta CEP, cuyos números suelen leerse como profecías de Nostradamus y no como cifras de una seria encuesta, fue leída como la pole position de nuestro criollo Silvio Berlusconi en su ruta a La Moneda. Si bien parte de los números señalan eso, las encuestas hay que leerlas de primera fuente –bajando- los respectivos informes, y no lo que dicen en la prensa. Por ejemplo, cuando se compara con la medición anterior, si esa variación no es superior al margen de error –en este caso 3%-, no se puede hablar un cambio –mejor o peor-, esto destacado por el mismo CEP en su informe, cuando una variación superaba el 3%. Lamentablemente, no se lee los informes del CEP, sino lo que el diario leyó de ellos. Pero eso es otro tema.
Volviendo al tema. Si bien majaderamente Piñera ganaba en todas las hipotéticas segundas vueltas, ojo en esta pregunta “¿Quién le gustaría que fuera Presidente?” (lamentablemente no se preguntó por quien cree), el accionista de Colo-Colo efectivamente tiene un 32% y Lagos sólo un 19%. La diferencia es que Piñera está corriendo sólo y Lagos, en silencio. Otra diferencia es que hay tres candidatos en la Concertación y además de Lavín. Los dos candidatos de la Alianza suman un 41%, y los de la Concertación suman 44%. (ERROR: LA PREGUNTA A LA QUE CORRESPONDEN ESAS CIFRAS ES: SI LAS ELECCIONES FUERAN EL PRÓXIMO DOMINGO...)
Ni siquiera voy a argumentar que, aunque Piñera gane, llegaría con una coalición de gobierno, que no tiene un desgaste de años de gobierno por razones obvias y aun así, la Concertación la supera. Sin contar que llegaría con un Congreso en contra, lo que es perfectamente predecible gracias al binominal. Tampoco que nuestro Berlusconi pierda; por el contrario, es probable que gane. Ese margen de probabilidad seguramente disminuirá cuando la Concertación, tenga su candidato, siempre que sea único, siendo casi imposible que tenga menos del 40% de los votos. El resto es cuento y titular de diario.
Todo esto y cómo se ve, lleva a pensar que Lagos será el candidato (el instinto de sobrevivencia puede llevar eso). Pero como no soy experto en esto, sino un simple gerente- estafeta-redactor-diseñador de un blog, retomo el título. Pareciera que nuestro Miterrand fuese como este Aragorn –pero con corona- presto a reasumir el trono cedido. Sin embargo, hoy se parece al Rey de Rohan, que terminará por inmolarse durante el asalto a Gondor. No se ven huestes que lo sigan convencidamente: sus seguidores, algunos en puestos del Estado y los que no, en aquellos Think Tanks que florecieron como callampas después que entregó la banda el 2006, se ven cansados. Otra cosa es que el Rey también lo esté, lo que no está tan claro.

viernes, 11 de julio de 2008

Tratado de Onanismo: estudios y consideraciones previas.

Imagino el oficio de columnista y debo confesar lo difícil que debe ser para éste escribir periódicamente. Una página que, salvo esa rayita negra que parpadea en la pantalla, está en blanco. La tortura del primer párrafo y el reloj que avanza rápido cuando debiera andar a paso de tortuga. También imagino el papel de un editor, nervioso porque no le llega el borrador a tiempo. En mi caso, ambos roles están fusionados. Como buen artista de circo pobre, lugar al que a veces se parece la vida, uno suele hacer ambos roles y a veces más. Siendo riguroso, tan complicado no lo es. La gracia de un blog es que escribes lo que te apetece y como no sé habilitar la opción de comentarios, no tengo mayor complicación de si lo que escribo tendrá finalmente mayor sintonía entre potenciales lectores que aquellos programas que ofrecen departamentos de mil UF y fracción, transmitidos los domingos por la mañana.
Lentamente, reproduzco clichés y enciendo un cigarro dinamita pura –sólo tabaco-, tratando eso sí de no dejar cenizas sobre el teclado. Escena que, por cierto, se ve un poco ridícula. Siendo honesto, no tengo vocación de escritor ni llevo un narrador frustrado en mis venas, como sería un periodista durante su paso por el aula. Lo de escritor se me quitó cuando me di cuenta que los cuentos me quedaban bastante fomes y se confirmó cuando me di cuenta que no sería el Günter Grass de mi tiempo, que se echa de menos en este Chile de principios de siglo, en lista de espera de un desarrollo lejos por llegar, pero que tan lejano no está. Lo de narrador frustrado se debe a que, si bien saqué la vuelta como Dios manda durante mi licenciatura, me dediqué a cosas más útiles que escribir, como por ejemplo leer.
Por ello es que planteo seguir una suerte de borrador a lo que hoy le saco el quite más de lo que el pudor señala: una tesis. El objeto de estudio sería el onanismo y la hipótesis sería que es un estado de existencia cuya conceptualización sería en extremo simplificada y mal entendida. En primer lugar, el concepto de macaquero, pajero, elevador de volantín, jugado por la personal, remite la imagen de una edad adolescente ejerciendo su soberanía bajo las sábanas o un pantalón. Una imagen errónea, pues ese ejercicio no tiene edad ni género.
Por tramo etáreo suena más divertido mencionar la adolescencia –a lo American Pie-, pues graficar o poner por escrito dicha práctica en la adultez, se parece a un personaje de novela de Houellbecq, y ello significa cualquier cosa menos que risa (aún cuando uno pueda matarse de la risa leyendo “Las Partículas Elementales” o “La Ampliación del Campo de Batalla”). Según género, pensar en una investigación centrada en el “sexo débil” es meterse bajo las patas de un caballo epiléptico. En el caso masculino, ello sería ridículamente fleto. Andar haciendo estadística de pajas por jornada o de metraje alcanzado es delirante. Sin contar su simplismo, por cierto.
También está el elevador de volantín en versión mental, que no necesariamente está relacionado con el ejercicio unilateral de la virilidad. De eso, uno lee –y escribe- con regularidad y ciertamente con temáticas que poco tienen que ver políticas de fomento a la testosterona vía TV cable, publicación impresa o Internet. A veces tiene que ver con la inmortalidad del cangrejo, un debate epistémico sobre el dedo chico del pie o un estudio de caso sobre los usos que se le puede dar a un boleto de micro, práctica que el Transantiago terminó por mandar al destierro más allá del área metropolitana. Eso sí, tampoco hay que ser tan drásticos: ideas notables han surgido de esta praxis.
Finalmente, se encuentra el macaquero en su salsa. Es decir, el huevón flojo. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Por ejemplo, realizando una tesis bajo subsidio paterno, con banda ancha y quemador de cd a disposición. Mirando la pantalla cuando una bajaba estupideces a 4 kb/s, y los números variaban de a poco. La tecnología nos ha puesto en aprietos. Ahora uno puede bajar un disco en menos de una hora y como la conexión no se cae -a menos que estés colgado-, no tiene mayor gracia ese ejercicio. Sin contar que, esta vez, no tengo banda ancha ni menos subsidio paterno, lo cual siendo honesto, es bastante más sano y con gracia. Convicción que por cierto, uno va llegando con los años (aunque tampoco significa que me he vuelto abuelo sin nietos: yo creo que nací medio viejo chico). A ello se suma que, en verdad, tengo una tesis que terminar y el Señor de la Querencia está empezando.

martes, 8 de julio de 2008

Fe de erratas

Se me fue a la "chuña" lo que escribí recién. El Mundial Juvenil fue el 87, no el 88. El resto sigue igual

Veinte años es nada


No me acuerdo mucho de 1988. Vivía en Concepción, cumplí nueve años y fui lobato. Vi un Mundial de Fútbol desde una gradería. Era juvenil por cierto, pero era un Mundial. Canadá, Nigeria –íbamos con banderas nigerianas de regalo, una especie palo blanco-, Italia y creo que Brasil, además de una semifinal en que jugaron Alemania Occidental y Chile. Un torneo bien sui generis, en que jugaba otra Alemania y Yugoeslavia. También ese año recuerdo al NO, en que la mayoría del Colegio estaba a favor del NO, aunque algunos estaban por el SÍ. Ese año ganó el NO y por cierto me alegré, pero sin saber qué es lo que significaba eso, aunque uno se decía de oposición. Sabía que se iba Pinochet, pero con lo que alguien de nueve años puede comprender de ello.
A los pocos años comprendí que en Chile había más gente del SÍ de la que creí, cuando llegué a los Sagrado Corazones en Viña. Al poco tiempo, ya no habían dos Alemanias, y justo cuando empecé a sentir cierta gracia de hacer de ruso si uno jugaba con soldados, la URSS empezó a desmoronarse (en esa época se era más guagualón y se podía jugar un poco más con soldados). Acá también muchas cosas cambiaron, aunque uno no parecía darse cuenta de ello y finalmente, con los años pasó lo que todos conocemos, que se puede resumir en lo que uno fue leyó, estudio o simplemente conoció después.
Ahora tengo casi 30 años y en estos veinte años pasé a sentirme más “gobiernista”, aunque con vergüenza muchas de las veces. Pero en la práctica los votaba, así que bueno y en silencio los seguí votando, aunque en segunda vuelta. Aunque pareciera que esta vez sí la derecha será gobierno, este gobierno no ha sido tan malo, no al menos como lo pinta El Mercurio. Pese a todo, el gobierno de Bachelet ha sido lo más parecido a un gobierno de centroizquierda en estos años. Existe algo parecido a un sistema de protección social, por ejemplo, pero parece que las cosas se jodieron, y no se ve cambio o aire nuevo. Y lo que podría ser aire nuevo, está bastante sucio. Cuando llegó Viera-Gallo, después Pérez Yoma, una especie de rescate de la vieja guardia, quedó claro que las cosas no iban a cambiar. A lo mejor, no tenían que cambiar.
No soy de esos que creen que la Bachelet tiene la cagada. Por el contrario, no me ha decepcionado, pero porque no tenía grandes expectativas. Pero estos años tienen más sabor a despedida que nunca, a una caída del telón. Eso no tiene que ver con que Piñera sea presidente, porque la Concertación puede volver a ganar, pero ya no hay más que hacer. Si bien estos veinte años no son poco, parecen ser como una hoja que se cae en un Otoño, pero que por esos azares de la vida pasamos al Invierno sin saber cómo ni cuandom, con la hoja negándose a caer.
Poco recuerdo de 1988, pero sí de estos 20 años. Chile ha cambiado bastante, pero hay cosas fundamentales en que no, pero de una manera muy mínima. Pinochet dejó el poder y este mundo, pero su sombra sigue presente. Ese 43% por ciento que lo apoyó no ha bajado demasiado, pese a todo. Eso dice mucho, de quienes lleguen al poder y de quienes lo han estado desde esa época que se abrió hace 20 años. La Derecha, que (im)pacientamenente espera lo que ya parece una profecía autocumplida, y tras 20 años, parece que volveré a decirme de oposición, pero con un dejo de tristeza y decepción. No como el niño que era lobato, fue a un Mundial de Futbol, y cuyo recuerdo del NO era un tipo que rompió mi banderita del NO, la que sacaba desde el viejo Toyota. El mismo que intuyó alegría, pero donde hoy sólo existe un invierno sin la lluvia que debiera y con sólo el frío y el smog de siempre.

lunes, 23 de junio de 2008

Pelotas


¿Por qué 22 tipos son capaces de correr como idiotas tras una pelota? ¿Qué tiene una pelota que podrían competir con las mujeres, que tan bien suelen tenernos de donde a uno más le duele? He aquí una hipótesis personal. Soy de los tipos que no suelen perder la cabeza por muchas cosas. Aun cuando no hay muchas cosas por las que vale perder en algo la cabeza, salvo una mujer (me imagino que también quienes tienen hijos, pero eso me suena a algo muy distinto y único), quisiera mencionar el fútbol. Sí, eso mismo que suena tan a lugar común.
Vamos por parte. Nunca me dio grandes satisfacciones, a nivel personal y mi equipo no me las da. Nunca fui bueno, pero tampoco demasiado malo. No me rifaban al gol, ni tampoco era de los capitanes en la pichanga de Educación Física. Era de los que aparecían un viernes en la tarde en el colegio para jugar, práctica que fue muy de vez en cuando después. Era más de meter la pierna –que no es lo mismo que meter la pata- que crear fútbol, con un respetable cañonazo que tenía cierta efectividad en canchas chicas. No fui de grandes pichangas del barrio, aunque ello se debe a que viví en un barrio que en realidad no era más que una suma de casas, distinto a quien vivió en Cerro Castillo o Miraflores
No fui un gran fanático, aunque sí tengo lindos recuerdos en el estadio. El Mundial Sub-20 de 1988, la Copa América del 91, la final con Sao Paulo el 93’, la Católica con Gorosito y Acosta el 94. De recordar con horror como fui tan imbécil para alegrarme porque el Colo ganara la Libetadores el 91. También cumplí el sueño de ver, en Europa, de un grande, como ver al Barcelona el 99 o de sentir un estadio en un país digno de ser futbolizado, como Argentina. O de ver a algún equipo importante de las “Uropas” que venía a pichanguear en estas latitudes, como el Ajax de Van Gaal, con Bogart y Litmanen.
Mi afición al fútbol fue más bien intelectual, por ponerle un nombre (no hay idiotez más grande que intelectualizarlo). Recordar nombres, equipos –no formaciones- y resultados, pero como también me acordaba de ciudades europeas o de episodios de las guerras mundiales. De acordarse de las cosas de la vida, pensando fue antes de tal mundial, Eurocopas, la Champions o Libertadores. En resumen, ser el candidato infalible a ser el poncherón en cuanta rutina humorística puede verse retratado.
Algo de eso queda. Después de años de abstinencia futbolera, como quien deja las piscolas por una mala caña, un día recaí en esta dulce enfermedad, de lo que no pienso en salir por ahora. Ese día fui cuando el Loco Bielsa llegó a dirigir a Chile, y lo digo con orgullo. Cuando llegó, incluso después de perder con Paraguay. Su frase de ví a un equipo derrotado, pero con vivo, me terminó de convencer. Seguí los amistosos con Corea y Japón en febrero, con Israel en Tel-Aviv en Marzo, para que decir el amistoso con Panamá en Playa Ancha.
A riesgo de caer en la ordinariez –más bien bipolaridad-del periodismo deportivo, fui de los que cuando llegó, con orgullo se dijo, algo iba a cambiar. Y la idiotez frente a la caja del mismo nombre, que me inundaba cíclicamente cada 4 años en los mundiales, comenzó a surtir efecto con la gira a Austria en Septiembre de 2007. Y siguió en adelante. Una sana idiotez que me ha hecho hasta dejar opiniones en los blogs de deportes.
Resulta curioso, siendo que el Loco Bielsa es lo más cuerdo para hablar de fútbol, más encima trabajólico –que más fome que eso-, y para peor, hincha de la Lepra, haga que uno se vuelva loco. Esa seriedad que no pescamos cuando Pellegrini dirigió acá o no le reconocemos a Salah, y que provoque esa sana locura, que lograr un hermoso cuento de Fontanarrosa (¿Cómo no ser hincha de Central después de leerlo?).
Y esta semana fue eso. La selección por supuesto, la Euro, la alegría de ver a Italia fuera. El dormir tranquilo cuando el Colo perdió la final con Everton (qué importa que haya ganado; lo importante es quien perdió). El fútbol es el único viejo amor que cuando vuelve, no mezcla recuerdos lindos ni amargos. Pero si alguna mujer lee esto, tranquila: nada puede reemplazarlas, aunque no se suban por el chorro. El control es nuestro, ESPN es más sagrado que el Vaticano, si bien al final terminaremos poniéndo el Warner o el Sony.

viernes, 13 de junio de 2008

Aquellos intelectuales y nosotros que creímos entenderlos


Siempre es bueno ver a gente por la cual uno ha tenido una cierta admiración. Un buen concierto, a veces la presentación de un libro, por cierto ver un partido de fútbol de esos que se ven sólo una vez en la vida. En eso, debo reconocer, he sido bastante afortunado. Vi a Silvio Rodríguez, cuando creí que tras 1991- donde era muy chico- no lo iba a poder ver y ya lo he visto dos veces. A Soda Stereo cuando de verdad se despidió y después, cuando diez años después la necesidad los hizo volver a pitutear. También estuve en el primer concierto que hizo Sabina en Chile, y de esos rajazos de la vida, pude ver a Dolores O’Riordan, un concierto por el cual no se me habría ocurrido pagar, pero al que después de haber asistido, creo que fue imperdible.
En el caso del fútbol, si bien soy hincha de un equipo –la Católica- que me da más rabias que alegrías, he tenido la suerte de ver en vivo partidos inolvidables, como la final de la Libertadores con Sao Paulo el 93’ –aun cuando perdimos la copa-, el partido de octavos en el 95 contra River o el asalto a mano armada de la Universidad de Chile en 1994, que finalmente nos costó el título. El 99 pude ver en el Camp Nou un partidazo, cuando Valencia le ganó al Barcelona en su propia casa 4x2 y el Piojo López se mandó uno de los partidos de su vida. También en Rosario decidí que no volvería a ver un partido en Chile, tras ir a Central-River en el Gigante de Arroyito. Promesa, que pese a mantener por bastante tiempo, finalmente rompí.
En cambio, con los intelectuales pasa una cosa más rara, aunque a veces uno sea hincha de ellos. Como que uno no se junta a escucharlos a hablar. Los lee, los discute, que sé yo, pero como que no se va a verlos. Oye, hagamos y hablamos de este tipo o libro. Como que no la verdad. Me pasó una vez que fui a ver a Chomsky a la Chile. No tanto porque el audio fallara o por un traductor que dejaba la grande (de algo sirve entender algo de algun idioma), sino por lo raro de ver a un intelectual -que fea, estigmatizante y rebuscada suena esa palabra- como si fuera un rock star. Incluso es bastante fome ir a presentaciones de libros, pese a sus incentivos: libros más baratos que en librerías, tener el autógrafo correspondiente en la primera página y si tienes suerte, puedes comer y tomar decentemente sin pagar un peso.
La cosa es que fui el miércoles a ver a uno de ellos. Se trataba de Edgar Morin, un pensador francés de esos pesos pesados, uno de los tipos que valió la pena leer en el pregrado. Además tenía la gracia, es que era una admiración que compartíamos con algunos amigos en común, cosa que aunque suene a tontera, no es tan estúpida. Es que a diferencia del cine, a veces da lata ir solo. Por ejemplo, a mi gustaba mucho Jürgen Habermas (en realidad era muy interesante), pero no conozco a nadie que acompañara a ir, de mis amigos, de estos tipos normales que no hablen en sociólogo. Una invitación de ese tipo habría tenido una sintonía cercana a la del Canal del Senado.
Volviendo a la historia de don Edgar Morin, su charla fue años después de salir de la universidad (pregrado en realidad), no en Viña, sino en Matucana 100. Otras historias pasaron desde entonces, en general no grandes historias o demasiado entretenidas, simplemente lo que pasó, que al final nunca es poco. Bueno, la cosa es que no pude estar en la charla. O sea sí, pero como llegué tarde, no quedaban audífonos para la traducción. Por supuesto, no sé nada de francés, pero ese típico pensamiento de un minuto, me llevó a plantearme que quizá como el francés es un idioma latino, podría sonar parecido y entendible. Craso error. No duré ni diez minutos.
Me podría haber ido, pero adentro estaba una amiga y quería saludarla. Había estado de cumpleaños hace poco, venía de Viña y yo, estando en Viña, no fui a su cumpleaños, usando una chiva con más credibilidad que Piñera diciendo que es de clase media. Finalmente me quedé, pero afuera. Salió la gente, y por supuesto no faltó quien decía a viva voz pelotudeces como que no había nada más entretenido que leer a Foucalt (será interesante, pero entretenido...), en fin los personajes que uno encuentra en estas cosas. Finalmente, Morin era un señor francés con bastantes años y de su brillantez me quedan mis antiguas lecturas, las que creo, no entendí del todo, pese a que tuve muy buenas notas en su minuto.
Mi amiga estaba bien, me retó en broma por no ir a su cumpleaños, hablamos un poco, de lo difícil que está la pega. Me sentí un poco mal por envidiar en algo a quienes están mejor que yo, considerando que periodismo es una carrera tan cotizada como las acciones después de un derrumbe bursátil. Una reflexión que por suerte, duró menos que mi idea de entender la conferencia en francés. Finalmente, tomamos el metro uno en cada dirección.
Por lo que supe, la conferencia estuvo buenísima. Yo sólo vi gente que no veía hace tiempo, algunos profes de la época de periodismo (tres- cuatro años no más, pero lo digo para ponerle un poco), personas a las que no veía hace tiempo, en fin. Concluí que parece que mejor que la gente que lees y estudias en libros o apuntes es mejor dejarlas allí, como que pierdan esa extraña magia que dan las explicaciones medias raras de leer, las frases eternas, como que la vida real te mata esos extraños hechizos. Para la vida real, mejor los conciertos o un buen partido de fútbol, y si andas en racha, una mujer.

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Everton Campeón?

Cuando a los 49 con 18 del segundo tiempo Selmán pitó la final de vuelta, en Viña probablemente una noche muy rara se vino sobre la laguna Sausalito. Es que, con todo el respeto y sin ánimo de ofender a mis amigos evertonianos, es una escena que no me puedo imaginar. Partiendo por el lugar donde celebrarán, ¿será la calle Valparaíso, que por más arreglos que le hacen se ve es más fea? ¿Acaso en el Reloj de Flores, un arreglo de flores que se ve mucho más hermoso en Photoshop que en la vida real? ¿En la avenida de Perú, con aquella acequia a tajo abierto del Marga-Marga como fondo? Es que aunque Viña es una ciudad hermosa, cuesta imaginarse celebrando algo allá.
No es por ser aguafiestas, ni nada por el estilo. Para nada. Si hay algo por lo que eternamente hay que estar agradecido a Everton es por haber impedido que la palabra penta se borrara del léxico colocolino y aquella pesadilla haya pasado de largo. Es que Penta es una palabra para el Real Madrid de la Quinta del Buitre a finales de los 80’, el Manchester en los 90’, o por el último el Glasgow Rangers escocés. Para equipos con cinco títulos en cinco años. Pero ponerlo en boca de un equipo que toma la fase regular para la chacota –por segundo torneo consecutivo-, clasificando para la ronda de ocho mejores en un noveno lugar, clasificando por un gol de visita a la final, con un 49,33% de rendimiento y que más encima se llame Colo-Colo, habría sido una pesadilla. Por eso, como buen nacido, no me cabe más que darle las gracias a Everton.
En mis 14 años en que viví en Viña, créanme, aprendí a respetar a quienes son hinchas de Everton. Seguir a ese equipo es sinónimo de amar el fútbol y a los que conocí, lo siguieron con el Sausalito vacío, aguantando ver un Everton-Palestino teniendo como alternativa ver la Premier League por ESPN y como hasta Wanderers daba una vuelta en primera. Más encima las pocas celebraciones que evertonianos tuvieron fue cuando subían a primera. Es un club, que si bien teniendo la camiseta de Boca Juniors, daba pena, partiendo por la sede de calle Viana. Ser hincha de ese equipo habla bien de esa persona que lo sea. Es para sacarse el sombrero. No cualquiera tiene vocación de mártir, por más que muchos de esos hinchas que ayer repletaron Sausalito dejarán de ir cuando Everton vuelva a ser lo usual. Pero eso pasa en todos los equipos de esta larga y angosta faja de tierra.
Por eso, que ganen es de aquellas cosas que alegran de verdad. Más aún, que ganen como lo hicieron, a quien le ganaron, y sobre todo, la pesadilla que abortaron. Con tres goles en el segundo tiempo, Miralles y el viejo “Liebre” Riveros –que repitió la gracia que logró con Wanderers el 2001-, son nombres que quedarán, como el de Spedalleti el 76. Más aún, esa la alegría debe ser mayor con Wanderers jugando hoy en los potreros. Bien por ellos, y mejor por la palabra penta, que se respetó a si misma.