lunes, 24 de noviembre de 2008

A un blog seco

El fin de año trae a veces el fin de las ideas. En realidad, más bien es el fin de algo, como anoche, que es el fin de un fin de semana. Las ideas no provienen de los días, sino de chispazos en lugares insólitos. Leyendo en el baño, en la ducha, cuando aparece una idea cuando en realidad necesitaba otra, cosas de ese estilo. Hay veces que se van, como todas las cosas de este mundo, pero a veces también vuelven.
Hace unos días, leí un posteo de Hernán Casciari. No suelo leer blogs, pero un día –probablemente de aburrido en horario de oficina- un amigo, entre las conversaciones posibles en horario laboral, me dio su web. Lo leí, leí otros y he seguido leyendo lo que escribe. Es realmente un tipo que no sé de adonde imagina las cosas, las escribe con unas palabras que al leerlas uno se pregunta cómo mierda no las escribió de esa manera. Más allá de hacerle una innecesaria propaganda a Casciari, éste último posteo hablaba de la muerte de los blogs. Es una sentencia terrible, en especial para un blog como éste, que sin comentarios habilitados.
Más que la muerte entendida como el fin o el tránsito a otro mundo (dependiendo del caso), en realidad era una especie del todo lo que sube debe bajar, aplicado al ciberespacio. Lo que hace algunos años fueron los blogs, hoy lo es Facebook, y quienes sobreviven a esas modas son quienes ven alguna utilidad a esto, quienes en realidad tienen algo que decir. Si hay algo que decir, poco importan los blogs o el soporte que sea.
Entonces el problema, no es el cómo sino más bien el qué. Después de ser un año poseedor de un blog, la pregunta sobre qué diablos escribir queda siempre. Ante la imposibilidad de decir algo nuevo porque los temas son los mismos de siempre, sólo queda la manera, un matiz.
Por ejemplo es difícil hablar de amor (para efectos de escritura vale el amor de pareja, no el de madre ni el que se enseña en el catecismo), si sólo quedan recuerdos, canciones o algún polvo ocasional (o la ausencia del mismo). Cuando se habla de un amor transformado sólo en el relato de sí mismo, salen cosas bastante honestas, palabras cargadas de una franqueza que se hace imposible de disimular bajo el pretexto de la revisión gramatical. Pero terribles de escribir y a veces innecesarias de leer.
De fútbol tampoco hay demasiado, tan sólo mirarlo y muy esporádicamente jugarlo. De política tampoco, a menos que sea dar una redacción a lo que uno leyó en el diario. Están los papers, pero son muy fomes para hacer algo más que leerlos. Está, por cierto, entenderlos, el inevitable paso posterior, aunque eso es bastante más complejo de dar que el procedimiento obvio de seguir.
Queda el resto de la vida, pero el vivirla es ya un ejercicio suficiente, y que no necesariamente queda bien al ser narrada. También están los sueños, pero aun no he podido escribir mientras ronco. Cuando todo esto se ha ido, quedan las palabras. El único problema es que éstas se han ido junto a las musas, como diría Serrat, y las palabras que quedan están cerca del fin de año, pensando en las fiestas y en que por favor pase rápido el día para que llegue una tarde agradable. En ese estado, que una idea prospere es una quimera, aunque a veces cosas como éstas ocurran.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Rarezas

Cosas raras han pasado desde el último posteo hasta hoy. Pasan en la vida, y también todos los días. Pero no sé por qué, quizás de fijado, han pasado varias en los últimos días o semanas. La “U” pierde tres a cero en Calama, Racing perdió ayer con el gol más raro que recuerdo, al menos desde el penal que eliminó a Brasil del Mundial de México’86. La farándula, alimento para sacar la vuelta en una jornada laboral, dice que los implantes de silicona se lo hacen niñitas que con suerte han terminado la media. Me hice seguidor de una serie transmitida por un aborrecido canal de series –Two and a Half Men-, The Film Zone se puso un canal casi familiar por las noches, tras ver casi un año Mala Conducta me perdí el capítulo final y hoy mi programa favorito lo dan en un canal por definición bodrio, ”los 80”.
Partiendo de la base que es feo pelar a los muertos, los homenajes a quienes se han transformado en polvo y abono para los plantas han rayado casi en el tropicalismo que nos gusta subrayar de Chávez o al hablar de los peronistas. En estos días asistimos a la banalización más absoluta de la palabra memorial, a propósito de Jaime Guzmán, sin dejar de mencionar los homenajes a Ricardo Claro. Sin Kioto que pueda enviar Claro desde la ultratumba, Piñera parece que está a punto de ganar la Presidencia sin subir en las encuestas de manera importante desde el año pasado –ojo con la pregunta “Quien le gustaría que fuera Presidente”-, aun cuando otras preguntas que indican que ganará por paliza el próximo año. Bueno, las encuestas hay que mirarlas de primera fuente, no por los diarios.
Entrando ya en la política, si bien la política siempre ha sido más compleja y absurda que en los libros de consulta, la elección municipal sigue dejando mensajes rarísimos. Una derecha que ganó sin sumar votos más, una Concertación que muestra sus hilachas como pocas veces. Candidatos con dudas hamletianas sin son o no, con un Frei que parece más progresista que Lagos (partiendo por saber qué diablos es ser progresista, una cosa más rara que Chile ganándole a Argentina en el fútbol). Todo el mundo se cree Obama, pero aquí los “negritos de Harvard” serían equivalente a que un hijo de La Pintana fuese el presidente de la Sofofa. A lo mejor es el efecto de tanto Phd titulado de universidad gringa que quiere que Chile sea EE.UU., aún cuando allí pasen los mismos absurdos que suelen pasar acá.
Estamos ante la elección más trascendente desde 1988, pero todo lo que sucede en ese extraño mundo que es la política, parece más de marcianos que nunca. Hasta la inflación está rara. Suben las papas, el pan, o las cuentas, pero los celulares o los computadores están –dentro de lo que han cobrado siempre- baratos. Incluso hasta las mismas rarezas son extrañas, donde encontrar la palabra exacta para describirlas deja más dudas que al principio, cuando uno recién se hace las preguntas.
Raro habría sido que ver a REM hubiese sido un mal concierto, que ver a Serrat y sentirlo cantar como si estuviese a dos metros fuese una frase hecha. Las mujeres en primavera siguen teniendo ese qué sé yo que sólo tienen en primavera, las cuentas aparecen siempre entre el 3 y 5 de cada mes, después del lunes vendrá siempre el martes y el reloj –salvo que salga de vacaciones-sonará a las siete aunque uno se levante apurado media hora después.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Resacas del SUE y del fin de Bush.




Al salir del Movistar Arena, una vez que había terminado la primera jornada del SUE, terminaba lo que, en estricto rigor para muchos de los que fuimos ese día, fue el primer concierto de REM en Chile. REM es un adquirido en hace unos años, casi en paralelo con el tabaco. Si bien Kaiser Chiefs estuvo bien, la verdad no sé que fue Mars Volta, probablemente demasiado experimental para mis oídos. Si bien había escuchado a Mars Volta antes, la primera vez fue hecha con el pie izquierdo: el primer mp3 que escuché al azar resultó ser una tortura de más de 13 minutos de música que no sabía sin comienzo ni fin. Una profecía autocumplida que se concretizó aquel lunes 3 de noviembre en horario de noticieros. Mars Volta es un grupo que me pareció algo así como el equivalente en bandas a un Stalker de Tarkovski o al Ulises de James Joyce. Sufribles, probablemente unos genios de la música invisibles a mis básicos sentidos. Sensación comprensible, porque esa noche fui a ver a REM.
Casi al finalizar, uno de mis compañeros de concierto y gran amigo, me comenta al oído, ¿te imaginas si McCain gana mañana, como va a ser este concierto? Ese mañana en realidad fue ayer, que ya mañana será anteayer. Pero viendo las noticias, no puedo dejar de hacer ese ejercicio. Por cierto, es una práctica tan inútil como si Pinochet no hubiese convencido a Allende de no convocar aquel famoso plebiscito el 10 de Septiembre de 1973, si el general Matthei no se va de tarro aquel de 5 de octubre, como si Carlos Robles no se hubiera comido ese gol off-side de Salas en aquel clásico de Noviembre de 1994, si en aquel verano de 2004 no hubiese hecho tantas estupideces, si al año siguiente me hubiese dedicado a trabajar de periodista y no hubiese metido en aquel magíster sin destino que, curiosamente, sí me abrió una pequeña puerta laboralmente. En fin, el clásico ejercicio, para el cual los ingleses patentaron esa maravillosa diferencia entre el “yes” y el ”if”.
Aún así, la pregunta sigue abierta. No tanto por lo que hubiera pasado al día siguiente en el Arena Santiago, sino por McCain. La respuesta es que no sé si hubieran cambiado demasiado las cosas si McCain hubiese sido electo presidente. Por una razón bastante lógica. Estados Unidos sigue siendo el mismo país inserto en un mismo planeta y dimensión. El país que asumirá Obama en el 2009 es el mismo que habría asumido McCain.
EE.UU. está en la que aún puede ser la peor recesión desde los 30’. El retiro de Irak no es posible en mucho tiempo, en especial porque pese al desastre de invadirlo en aquel 2003, donde el oasis de democracia liberal que brotaría como maná en el Sinaí tras la invasión es en realidad una potencial Yugoslavia versión 2.0 entre el Tigris y el Eufrates. Porque EE.UU. tiene que seguir girando a una línea de crédito reventada y mantenida a respiración por una China financiando el déficit a través de bonos soberanos. Todo ello para pagar más tropas que aún no puede dejar de desplegar en Irak y Afganistán; un retiro es una caja de Pandora comparable a la que los ingleses dejaron tras de sí al abandonar Palestina en 1948.
Obama, uno de los presidentes intelectualmente mejor preparados (pese a que su antecesor le baja la escala a cualquiera) es víctima inevitable de su propia figura. El primer presidente negro, el hijo de inmigrantes, y de la alegría visceral que provoca su triunfo (o más bien el fin de Bush) llegará el turno de la lógica de Estado. Suena la voz de Stipe, surgida calculadamente desgarradora desde aquella noche en el Arena, que resulta ideal para describir de una manera no esperada este primer día del fin de la era de George W…. It’s been a bad day, please don´t take a picture.
Hay alegría en Nueva York, en Berlín, en Boston, en Nairobi, Caracas, Madrid, Santiago, San Francisco o París. Pero hemos visto poco del Estados Unidos de fondo: nada de Oklahoma, Alabama, Carolina del Sur, Montana o las Dakota. Tal vez es mejor no saber por ahora el qué ha pasado allí, porque a veces simplemente el que no pase demasiado dice más que una euforia cuya única certeza es su propia resaca. Es como volver a escuchar Mars Volta (en disco eso sí), que no resultó tan terrible, quizá por el simple proceso de un equilibrio inevitable. En eso cae casi de cajón que surja un Obama, sin duda es el sello amable de la moneda, donde la cara aparecerá cuando el Presidente de EE.UU. se llame Obama, y deje de ser el candidato triunfante. Queda sólo la esperanza que este período no sea tan amargo como éstos últimos ocho años.

lunes, 27 de octubre de 2008

Aires Peronistas

Como es usual, destino más tiempo a lo que no debiera en lugar de enfocarme en lo que sí hay que hacer. A veces ha sido la fotografía a la antigua, en otras, armar maquetas. En días de elecciones, es armar una planilla Excel y ponerme a jugar con los cómputos. Ejercicio bastante inútil por lo demás, porque los mismos datos –décimas más o menos- los puedo tener con mirar la tele o Internet sin hacer mayor esfuerzo. Dado que siempre me costaron las matemáticas, el Excel me da lo que el cerebro me negó en el colegio, me es dignificante crear números, aún con esfuerzo para anotar las celdas con cierto orden.
En en estos momentos donde me nace el cientista político que no he sido, y con cierto esfuerzo, puedo hacer un análisis con algo de coherencia. Viendo los análisis en TV, que en su mayoría que tuvieron más de cuentistas políticos que de cientistas, no me queda más que reconocer, con cierto dejo de verguënza propia, mi simple condición de periodista, profesión a la que tanta porquería he tirado en posteos anteriores. A la espera de papers y análisis más fríos, sólo me queda el simple, pero muy defendido, sentido común.
Curiosamente, dentro de la sensatez posible, la analogía ha sido el fútbol, concretamente al supuesto cambio cultural que habríamos experimentado con Bielsa, donde los triunfos son tan evidentes que no necesitan explicarse por sí solos. Cuando para decir que se ganó hay que explicar, no resiste mayor análisis. Si por la eliminatorias, cuando nos toque jugar contra Brasil nos toca perder sólo uno cero, ¿es eso un triunfo? (Dado que en Santiago perdimos por tres). Si en dos partidos tengo cero puntos, ¿cómo puedo decir que gané el último? El problema es que eso pasó en las elecciones de hace unas horas. Conclusión preliminar. El fútbol, el vilipendiado fútbol, de veintidos imbéciles -más miles en una gradería o millones por TV-. tras una pelota, dejó una lección. Una victoria no tiene por qué explicarse, basta por si misma. Cuando se empieza a explicar por qué gané, algo empieza a oler mal. Y efectivamente, puede terminar con mal olor.
La derecha sacó más votos en la elección de alcalde sin subir sus votos significativamente, pero ganó. La Concertación sacó más votos en concejales, bajando lo que sacó en 2004. Curiosamente, es probable que la Concertaciones saque más alcaldes (la derecha tiene más votos porque ganó las ciudades más grandes) y la derecha tenga más concejales de lo esperado (por el cálculo de cifras repartidora). El primer gráfico es de alcaldes y el segundo de concejales, con cifras del tercer y último cómputo de la noche











Dentro de lo que se ha dicho, hay ciertas curiosidades. Todo el mundo –político- se dicen que son elecciones que no son comparables, pero igual son comparadas por quienes previamente dijeron lo anterior. Dentro de esas curiosidades, con los alcaldes pasa algo especial. Por ejemplo, que alguien diga que el casi 80% que sacó Virginia “diez por uno” Reginato en Viña significa que la UDI es el 80% del electorado viñamarino, sería como decir que Colombia estaba 5x0 sobre Argentina en 1993 por ganar en La Bombonera.









La impresión, confirmada lamentablemente, es que los alcaldes se han transformado en pequeños reyes, donde hagan bien o mal su gestión no es tan relevante para ser reelectos. Este tipo de elecciones nos hace parecer bastante tropicales, lo que es peor, hay bastantes síntomas de que tenemos bastante de peronistas, aunque sea a la chilena. Poco importaron las irregularidades pilladas por la Contraloría, lo que no es nuevo. Basta recordar el caso de Rodrigo González el 2000, cuando, pese a ser destituido, salió concejal sin moverse del escritorio (lo habían inscrito por si acaso) Por lo tanto, a la hora de pelar a los argentinos en lo único que le podemos ganar (salvo excepciones como la del miércoles 15) hay que pensarlo dos veces.
Dice bastante que los principales resultados o novedades se dieron en municipios donde el alcalde no iba a la reelección, más allá de la siempre odiosa excepción que es el pelo en la sopa a la hora de sostener algo, como es en éste caso Valparaíso. Sí es destacable que los feudos no fueron tan hereditarios, como los casos de Soria (Iquique), Indo (Quilicura), la señora de Pedro Velásquez en Coquimbo, o Cerro Navia, donde si los Girardi ponían un ficus como candidato probablemente ganaba, lo que no ocurrió.
Es difícil sacar conclusiones, porque permiten sostener disparates. Descontando que Viña se volvió insoportablemente momia, aunque no más derechistas que mi colegio en mis tiempos de escolar, la derecha ganó su primera elección desde 1958 sin subir sus votos significativamente (alcaldes) pero al mismo tiempo sigue siendo minoría políticamente (por los concejales). El argumento dado por ellos en los noticiarios sería como decir como que la Católica no perdió el clásico porque fue uno a cero y sin Medel o que vamos a perder porque un Salvador Imperatore 2.0 sacó un penal de la manga. Es como decir ganamos el Chile 3, pero no salimos campeones, pero nos declaramos campeones. (el torneo chileno sigue dando botones de muestra como varios de los vistos en las últimas horas)
La Concertación hizo su peor elección, pero es curioso por qué no terminara peor (si fue en dos listas y donde ser candidato a concejal era más fácil que encontrarle un romance a Pinilla). Y lo más curioso es que perfectamente puede ganar la elección del otro año, al igual que, pero en menor medida, la derecha. Aunque el problema de la Concertación no es ganar, sino qué cresta hacer si ganan. Si esto fuera fútbol (pero no chileno), sería más simple. Pero es política, y chilena, que hoy se parece más a la peor fotocopia de la argentina o del tropicalismo del que tanto nos gusta reírnos.

jueves, 23 de octubre de 2008

La cruz de ser cruzado.

De tanto hacerle el quite, finalmente llegó la hora de escribir acerca de pecados inconfesables, de esos que inevitablemente hicioeron todavía hacen sonrojarse. De esos pecados sólo posibles de sostener con idioteces que se dicen y hacen a los quince años, porque hacerlas después te vuelven un imbécil sin remedio. El problema es que ya no tengo quince años, sino que en menos de un año duplicaré esa edad, y el pecado de origen no sólo se sigue cometiendo a diario, sino probablemente me acompañará hasta la tumba.
El peor pecado de un hombre es aquel que tiene la mayor dulzura posible de encontrar en este mundo, como es una mujer. Pero como las mujeres de mi vida han sido menos que los dedos de una mano que no tiene todos sus dedos, queda sólo un amor que no se marchita ni con los años ni en los odiosos encuentros posteriores de antiguos amores convertidos sólo en recuerdos de carne y hueso: el equipo de fútbol. Un equipo de fútbol es como una mujer que te acompaña desde niño a viejo. El problema pasa a ser cuando te equivocas en elegir, porque aún cuando en este caso –el equipo- es posible un divorcio, si cruzas ese Rubicón, te transformas en un hijo de puta para siempre.
Tu equipo es el de tu país, al menos de la tierra en la uno se ha hecho hombre. Te pueden gustar, o ser fan de equipos, que pueden ser mejores y probablemente de otros países, pero tu equipo es sólo uno. Esta poligamia ficticia e inócua respecto a los equipos de fútbol es fácil de explicar. Puedes encontrar de otro mundo a Scarlett Johansson, tener un sueño con Paz Vega del que no quieres despertar, pero mujeres como ésas existen en un universo paralelo (además en mis sueños no están musas como esas, porque son bastante más fomes). En cambio, la mujer por la que puedes soñar despierto puede estar a la vuelta de la esquina, envuelta en el inevitable e irreversible proceso de ver cómo empezó a caer lo que alguna vez estuvo en su lugar, comenzando a desarrollar mañas de vieja de mierda siendo sólo una cabra chica. Cuando sólo es una simple mujer, pero que no sé porqué la ves como una princesa de cuentos, sabiendo que la monarquía es una mierda y la república una virtud.
Por eso te puede dar gusto ver al Barcelona pasar por encima del equipo del franquismo o ver a la Lepra en el suelo, sea en el Gigante de Arroyito o la cubetera del Parque Independencia. El problema está en ése equipo, que es tu equipo. A partir de esto queda claro, que soy es la Católica. Objetivamente, no tengo idea porque soy de la Católica ni por qué no me he cambiado. Tampoco sé cuando empezó todo. La lógica debería indicar que eso es culpa de los padres, pero ésa debe ser una de las pocas cosas que nunca, ni en la imbécil de las juventudes, le critiqué a mi papá.
Viéndolo con sangre fría, la Cato es un club de mierda. Bota a sus jugadores, que terminan odiándolo y jugando por otros clubes, incluso por el Colo o la U sin pudor alguno. En pocos clubes, un ídolo que se retiró allí (Gorosito) termina en tribunales porque los dirigentes buscaron ahorrarse una chaucha de más en el frustrado partido donde el Pipo debía retirarse. Tiene una casa (San Carlos) donde, no puedes hacer cumpleaños porque los vecinos temen que tus invitados de piedra (Colo-Colo especialmente) les meen el antejardín. Un estadio donde más encima tienes que sufrir en Transantiago para llegar. Un equipo que tiene a la hinchada más insoportable y exitista de Chile, y donde a los pocos hinchas fieles los tratan como lumpen, porque vienen desde la ribera norponiente del Mapocho. Donde la mayor visión de futuro de su dirigencia consiste en postergar la salida a la bolsa por temor a la crisis financiera y en hacer corretaje de propiedades con Santa Rosa de las Condes. Donde el estigma del vicecampeonato es tal que hasta para ser vicecampeones, hoy estamos en segundo lugar detrás de… Colo-Colo.
La Cato, pese a todo ello, tiene esos detalles mágicos. La final del 93’, a la que se llegó porque Dios es grande y porque ése era un equipo de hombres, donde Lunari ponía el fútbol, lo que dice mucho, con tipos como Almada o Barrera de delanteros, pero al mismo tiempo con “Charly” Vásquez en su mejor minuto de líbero. Tiene esos equipos que no salen campeones sólo porque Dios (o Carlos Robles) no los quiso, como en 1994. Porque saca del sombrero triunfos inesperados, como ganarle a Boca en 1997, en la Bombonera y con un Maradona, que pese a todo, todavía era Maradona. Pero un club que, al mismo tiempo, muestra indecencias como no ganar un partido en el bolsillo con Corinthians el 2006, perder 0-3 con Huachipato en Santiago o que Audax nos tenga de hijos. Porque si bien la UC termina pariendo a un “Chamuca” Barrera que nunca explotó, saca también del sombrero a un Gary Medel.
La UC, también, fue testigo de mi primera hijoputeada de mi vida, cometida sólo por la inexcusable torpeza de los quince años. No sé porque ni cómo empezó, pero en 1994 hinché por la U. De la boca para afuera, cierto, pero uno es responsable de sus actos, no de lo que sienta para callado. No sé si fue porque encontraba el colegio un antro de cuicos –había mucho hincha de la UC per cápita, lo que puede resultar odioso-, o porque no había un solo chuncho (síndrome Contreras). Pero como la vida castiga, ese año la U salió campeón de la forma en que salió, con Robles expulsando a Gorosito y cobrando un gol más falso que teta de silicona en el clásico decisivo y con aquel regalo desde los doce pasos dado por Imperatore en la última fecha en El Salvador. Ese año, aprendí que la vida castiga. No a palos, pero con dureza.
Por una lección aprendida, consistente en que no se debe jugar con cosas que no tienen repuesto, volví al lugar donde nunca en realidad me fui. Un lugar con más defectos que cualquiera, capaz de albergar lo peor de lo nuestro, pero con la magia de las esporádicas cosas bellas y felices de la vida: la UC. Porque si bien cargamos con el estigma de ser el equipo del barrio alto, el equipo del dictador fue otro y los árbitros no nos regalan campeonatos. Porque pese a todo sus defectos, cuando la UC gana sale crujiente el croissant en Vitacura, pero también la marraqueta se vende con más sabor en Renca. Porque en la vida puede haber más de una o dos mujeres de aquellas, pero equipo sólo hay uno.

jueves, 16 de octubre de 2008

Triunfamos como nunca, pero con las volteretas de siempre


No es mentira, sino una verdad en toda su expresión. Del porte de la Catedral a la que Basile y Argentina tendrán que ir a llorar por primera vez. Efectivamente, ocurrió. Por primera vez Chile le ganó a Argentina, a nivel adulto, jugando por los puntos. Ocurrió un día que recién fue ayer: 15 de Octubre de 2008. Un día para anotarlo en una libreta donde no se borre, apuntar qué calcetines usé (unos blancos con unas rayas y un siete de color celeste), que llevaba en el bolsillo de la chaqueta café: “El Crá” en uno. “Estrella” de Kazakievich, que es una novelita tipo de cowboys al estilo soviético – o sea de soldados peleando en el frente oriental contra los alemanes-en el otro. Qué llevaba en los bolsillos, quien estaba a mi derecha –un amigo que ha empezado a ser cábala- y un niño que por primera vez iba al estadio –qué debut- y que lo llevaba su madre. Fue una noche sin frío, con luna llena, gritando un gol cuando no se sabía que iba ser el del triunfo, como loco cuando el colombiano ese tocó el silbato. Uno de los goles más hermosos que he gritado: por el partido, el rival, el gol y porque no estaba la voz de Canal 13 de fondo.
¿Exagerado? Para nada. Ganarle a Argentina era una apuesta que hoy día habría pagado mucho, la que sólo podría haber sido superada en su nivel de incertidumbre por las bolsas del mundo en estos días. Alguna vez le ganamos a Brasil, también a Uruguay. Goleamos a Paraguay alguna vez. Pero a Argentina, jamás por los puntos, salvo el preolímpico del 2000. Lo más heroico fue el 2-2 en el Monumental de Núñez el 2003. Pero con Argentina es algo especial. En nada. En tenis, nos ganan –salvo un par de Copa Davis por ahí-, en básquet nos hacen bolsa, en Rugby puré, en el resto ya ni sé. Cuando las argentinas se ponen traje de baño, mejor ni digo para que no se piquen las chilenas. Tienen Buenos Aires, nosotros Santiago. Ellos a Borges o Cortázar, nosotros, bueno mejor omito (no me hagan decir Neruda). Tenemos políticos algo más decentes, pero eso es porque no tenemos peronistas, así que no vale. ¡Si lo más cercano a triunfo es a Benjamín Vicuña enamorando a Pampita, dejando a los reyes del verso fuera de combate!
Por eso lo de ayer fue único: le ganamos a Argentina. Todo eso ocurrió hace unas horas. Poco importan los diarios de hoy, parecido a los tipos que deben haber ido a Plaza Italia haciendo el loco. Pero vale la pena echarles un vistazo, en especial a los argentinos (no es porque sus periodistas deportivos sean del otro mundo, sino porque siempre es preferible el original a la fotocopia). Leer Ole, es hoy una delicia: "Parecían 15 contra diez", es la que quisiera no olvidar. Leer la nuestra, lo que se podía esperar después de ganar.
Un análisis más frío dice que Argentina jugó mal porque Chile lo hizo ordenado como pocas veces, que anuló a Messi e hizo que el Kun Aguëro recordara que su único gol –por una noche- fue hecho a Maradona, pero no al pelusa, sino a su hija. Que Orellana hizo olvidar a Sánchez, que el Pitbull Medel comenzó a vengarse de aquella semifinal en el sub-20 del año pasado en Canadá, precisamente frente a Argentina. Que Contreras olvidó sus salidas en falso. También que Zanetti jugó como nunca –pero mal-, que Demichelis se dedicó a sacar goles. Que los humos se deben disipar y no subirse a la cabeza, es una tarea que no hay que olvidar a partir de hoy, pero dejarla de lado, por una rato, anoche. Y para los exitisitas, que lean a Bielsa de anoche, ahora que sus bonos subieron, a ver si los iluminados de siempre entienden.
Ver Fox Sports anoche fur un ejercicio un poco surrealista. Ver a Basile decir que los quienes quisieran llorar, que se fueran a la Iglesia. Ver la polémica Bielsa-Basile, un bodrio más inflado que las Farc operando en la Araucanía y que, de rebote, se compraron gratis acá (aunque, hidalguía de por medio, hay que reconocer que no fueron los periodistas deportivos chilenos en inventar leseras. Esta vez fue peor: la copiaron sin más)
¿Qué más se dice, después de ayer? ¿Nacionalizamos por gracia a Bielsa, Bonini y Berizzo? ¿Los recibirán en La Moneda? ¿Todos son bielsistas, dándose la ya no sé cuánta vuelta de carnero? ¿Ahora somos campeones mundiales? La verdad, no sé si alguien lo sabe. No sé que pasará después, si llegamos al Mundial o no. Probablemente sí. Es una probabilidad, valga la redundancia, que es reducida porque Paraguay se disparó.

Pero la lógica que se vaya a la punta del cerro, por un rato, porque lo de anoche fue cierto. Es cierto que a Suazo se le fue por un pelo que no tiene el segundo, pero también que el cabezazo de Demichelis no entró al final; en partidos normales contra Argentina, esas pelotas son goles argentinos. En fin, la racionalidad sólo para quienes presumen de ella, en los suplementos deportivos. Para uno, la satisfacción de estar en la historia. Incluso si, milagro o Bielsa mediante, empezamos a jugar y ganar como la gente en cualquier lado y ganarle a Argentina no sea tan equivalente a un milagro, está la satisfacción de estar en la historia, por que fue primera vez. En una noche primaveral, con una dulce luna llena como fondo al pitazo final. Como una primera vez, pero de las lindas.



PD: El video de abajo es para no olvidarlo, y anotarlo en la piel.




lunes, 13 de octubre de 2008

Tropiezo en el ombligo del mundo.

Como los temas de este blog no son muy variados, no es una gran sorpresa que estas palabras sean sobre fútbol. Dentro del gusto de ver este deporte –sobre todo cuando jugarlo no es lo mismo que antes-, ideas no faltan, como la prometida introspección para dilucidar por qué soy hincha de la Católica o de iniciar una manda o cruzada –con herramientas cercanas al esoterismo y a la religión perdida- para que Palestino no llegue a la Libertadores en el Chile 3 (por vergüenza ajena, aún no sé cómo el Estadio de La Cisterna sigue abierto), al final el tema es el de siempre en estas jornadas: las eliminatorias.
En 18 partidos, la lógica indica que hay partidos muy malos. Uno fue éste. Por cómo se jugó, esta derrota es peor que las anteriores con Paraguay, Brasil y con Argentina hace poco más de un año. Por el equipo a enfrentar, con el orgullo de si mismos propio de los porteños en la época de la pizza y el champagne durante Menem pero con las limitaciones propias de Ecuador, porque si bien ésta década en términos futbolísticos, ha sido la mejor de su historia, viene inflado a lo Wall Street en estas semanas, y tengo la impresión que eso se notará en estas eliminatorias. Esta derrota fue peor que las anteriores porque Ecuador no pasó la máquina. Es cierto que, especialmente el segundo tiempo hasta los 75 minutos, poco después del gol de Ecuador, Chile no cruzó la mitad de la cancha, pero las principales llegadas de Ecuador fueron de remates de fuera distancia. Ecuador no podía entrar, y en eso algún mérito existe, si se puede rescatar algo de un partido malo.
Éste fue el partido posible, en especial después de la expulsión de “chupalla” Fuentes, y por eso a veces las decisiones se toman con demasiado pragmatismo, en especial de visita y cuando el cero aún existe. Este fue un partido de ellos, lo que se evidencia de manera clara con la salida de Fernández por Contreras. Podría haber entrado Morales antes y no haber sacado a Suazo sino González, pero ya eso es especulación y no la verdad revelada por nuestros comentaristas. Ciertamente, no era el partido para Valdivia, en especial con un juez repartiendo tarjetas como el millonario Farkas lo hace con las propinas. Así como nos podríamos haber llevado tres goles más, también se podría haber empatado. Pero se perdió y punto.
Sin ser general antes de la batalla (en el caso de Ecuador) y ponerme el parche antes de la herida (Argentina), para ésta doble jornada calculo un punto. Porque podía estar dentro de los cálculos un empate (o derrota) ante Ecuador y viceversa con Argentina en Santiago. No es que tenga vocación de locutín Santibáñez, pero era difícil este partido en Quito. Se perdió porque Ecuador jugó mejor y Chile mal, su peor partido, aunque estuviera en los cálculos.
De los cambios obligados, si yo fuera entrenador, pondría a Ponce y Contreras por Fuentes y Jara (creo que va a entrar Martínez antes) y dejaría a Medel en vez de Cereceda en el medio. Pero ponerse de entrenador con sólo el control remoto es de digámoslo suave, de pajeros. En ese sentido, y cómo suele pasar estas eliminatorias, lo que quedó en esta jornada son cosas extra fútbol, como los periodistas deportivos, con una capacidad de verse en el ombligo que cada día asombra (a lo mejor será porque estaban en el ombligo del mundo).
La vergüenza ajena que anden buscando que Bielsa diga que se equivocó, lo enfoquen si grita o no, si tira un escupo o no, etcétera, de inflar cada partido como si fuera la guerra mundial (Venezuela no era la Holanda de Cryuff, ni Brasil la selección de Lichtenstein, y que estén fuera Tévez o Riquelme el miércoles no es garantía de nada). De opinar hablando en lenguaje seudocientífico de los cambios y tácticas del fútbol. Esta bien y es parte de la prensa ser aguja, aunque debieran serlo también en temas donde hoy no lo son, cuesta de verdad y es necesario serlo, como la economía o la política. En el fútbol, como en la farándula, ser aguja es gratis.
Hoy, los periodistas deportivos se creen técnicos, aunque sin micrófono son otra cosa. Dos casos de valientes al micrófono que se pusieran el buzo: un periodista (Daniel Salvador en Palestino durante 2003) y un comentarista (Bonvallet el año pasado) que se pusieron a dirigir, y el resultado fue raya, pero para la resta. Mención aparte, ésta eliminatoria se ve más larga, no sólo porque las eliminatorias sudamericanas son las más difíciles del mundo, sino por los partidos que - descontando los que pueda ir al estadio- me quedan por ver en Canal 13.