martes, 16 de septiembre de 2008

Oxígeno para el hombre en su última trinchera

Mr. M, único lector conocido de este blog, y más instruido en el arte del fútbol que este humilde servidor, acota una serie de frases infartantes que hacen defender el derecho a ver fútbol en paz, tal como lo hicieron los franceses -en la primera guerra mundial no más eso sí- con la ciudad Verdún. Aquí van:

¿Por qué no le pega nunca al arco?.. ¿Qué cobró?.... Te apuesto que pierden ja ja ja ja.... Son más malos... ¿Cúal es Chile? ... ¿Ya va a terminar?.....y ese ¿quién es?... ¿Es necesario que echís tantos garabatos?... ¿Gol de nuevo? ¿Pierden 3-0? ¿La cambiamos?... No te pongai así, si no es para tanto... Ese cree que se ve bien con ese peinado, ja ja ja...¡¡¡Que sacai con gritarles, si no te escuchan!!!...¿Qué pasa si empatan?... ¿Qué significa que cobre off side? (... esteee.. cobró foul)...

lunes, 15 de septiembre de 2008

La última trinchera del hombre

Si un domingo es fome por definición, uno previo al 18 puede ser aún más aburrido. En esta semana, el lunes y el martes están de más, por más que uno cumpla horario y el jefe llegue con una ocurrencia propia de cada jornada. Debe ser la edad. O un domingo, que genera absurdos sobre los cuales escribir, ideas que se vuelven generosas con una gran película de fondo, como “La Caída” o ver un Boca-Independiente por T.V. (especialmente los últimos veinte minutos), o cualquier cosa que aparezca usando el control remoto, lo más cercano a una varita mágica.
Afirmarse al control remoto debe ser una especie de resistencia agónica por parte del hombre a entregarse a una realidad del porte de una Catedral y que parece inevitable en el mediano plazo: la igualdad de géneros, que no partió con la píldora como dicen algunas feministas, sino con el voto. Así como para las mujeres resulta más entendible alegrarse porque la cosa tiende inevitablemente a equipararse, es difícil para el que tuvo el poder resignarse a no tenerlo más. Un machista hoy debe ser como el Príncipe Carlos; inútil. Es más, las mujeres (en teoría) podrían prescindir de uno en las funciones básicas que podemos realizar, reemplazándonos con un banco de espermios o tratándonos como solían tratar nuestros antepasados a sus esposas; hay hombres para casarse y “chinos” para lo otro. No es para nada descartable que, tras siglos de hegemonía, la tortilla se dé vuelta y estemos siendo testigos de ese proceso.
Nótese la misma palabra “género (ya no se dice sexo, palabra desterrada al cacheteo, polvo, Viva Chile, o cómo se le quiera llamar). Pero al final, si compartes cama, probablemente compartas la tele –no conozco caso de una sola cama y dos teles en una misma pieza- y aún cuando tienes el control, probablemente termines poniendo algún odioso canal de series y no ESPN+.
En teoría no soy machista. Encuentro excelente que trabajen, te paguen la cuenta cuando no tienes un cinco y dado mi oficio y por ende, a la alta probabilidad que una hipotética esposa gane más plata que yo. Por lo tanto, ser machista sería el equivalente a ser huevón. Así como ojalá les paguen lo mismo que a un hombre por el mismo trabajo y les cobren por igual en un mismo plan de salud, ojalá algún día tengamos algo parecido a un postnatal decente o que hagan el servicio militar. Pero soy chileno, de familia tradicional, de colegio de de hombres y de curas y de Viña (entendiéndola como la pequeña ciudad circunscrita a los límites geográficos conocidos en la época del colegio) y por tanto sería mentiroso negar el machismo en mis venas. Y cómo no me gusta la hipocresía, prefiero pasar por troglodita que un hombre moderno de la boca para afuera.
Hecha la aclaración y volviendo al control remoto, éste no es la última trinchera del hombre ante una batalla, años más o años menos, perdida definitivamente, como es la de los sexos: es el fútbol. No tanto por el fútbol femenino, debido a que las hay ramas femeninas en otros deportes que conviven junto a las masculinas, e incluso tienen su propio nicho (por ejemplo Sharapova e Ivanovic en el tenis son marca registrada). Es cierto que es más entretenido ver a Messi que a… (¿cómo se llama la estrella del Barcelona en femenino?), pero la esencia está en el ser hincha –en especial por T.V.-, y en el monopolio que aún tenemos de la estadística y el ojo para ver partidos. No hay cosa más desagradable que ver un partido de fútbol con una mujer al lado (siempre hay excepciones por cierto), que es como si se tiraran flatos al lado tuyo. Es que por definición, género o lo que sea, no les gusta el fútbol y eso se nota. Aunque no les guste, si andan por ahí, igual se instalan. Por la chiva de las cabritas, por bolsear cerveza, cigarros o por meter simplemente la cuchara (no entienden que uno se concentre). No importa que estén todo el partido. A veces cinco minutos cambian todo, como una bomba atómica.
Peor es cuando se esfuerzan – lo que en teoría uno debiera agradecer- por entenderlo. Es como que uno entienda porque saludan y conversan como si nada con la misma mina que hace cinco minutos odiaban, o que le expliquen a uno con peras y manzanas el lío hormonal que se les produce cada veintiocho días (humilde consejo: pon cara de hacerte el huevón, nunca des pie a que te descubran que no entendiste). Asumiendo que estoy dando pie a que salgan estupideces como que “a las mujeres no hay que entenderlas”, que son de no sé qué planeta, o qué se yo, volvamos al partido y al inevitable rosario que llega tras el pitazo inicial : ¿de qué color es la polera de Chile? ¿para qué lado sacan (cuando Solabarrieta acaba de decir Argentina)? ¿cúanto van? (cuando el marcador está en la esquina superior izquierda y uno por educación no se los hace saber). Lo peor llega cuando, con el sentido de la oportunidad de tal Espina defendiéndonos de las FARC, salen con “si somos malos, no servimos para el fútbol” (cuando quedan veinte minutos).
Pero si empezaron a hacer rabonas y ser femeninas al mismo tiempo, tendrán un Mundial avalados por el mismo Bielsa y considerando que ellas sí pueden hacer dos cosas a la vez, han logrado la primera cabeza de playa en la última batalla del hombre como hoy lo conocemos. A menos que el espíritu de Homero renazca de las cenizas en la generación de nuestros nietos (siempre hay que dar por perdida a una generación por lo menos), esta guerra la perdimos.

viernes, 12 de septiembre de 2008

11’09’’08.

Las portadas de los diarios sólo hablaban de la goleada ante Colombia. El único detalle fue la fecha de la edición: 11 de Septiembre. El noticiario de TVN abrió con el partido, para sólo seis minutos después empezar una nota con el acto en La Moneda, en el Salón Blanco. Después de ello, lo que ha ocurrido en este día desde antes de nacer y el noticiero comienza a cerrar con barricadas en Villa Francia, Lo Hermida, nombres que resultan familiares en esta fecha (o en algunos de esos bodrios antidelitos con cámaras ocultos que suelen dar generalmente después de las diez)
Suena de fondo León Gieco, “de cuando el fútbol se lo comió todo”, pero afortunadamente el ser bastante más malos que los argentinos para el fútbol nos da en este caso una mano. Personalmente hubiese preferido una mano de Dios, pero el destino sólo quiso la mano de gato que se dio el Cóndor Rojos en el Maracaná. Por el bien del fútbol, por un minuto pienso que menos mal que Unión y Cobreloa perdieron dos finales de la Libertadores en esos años o que Caszely perdió el 82 aquel penal contra Austria en Oviedo. Volviendo a Gieco, afortunadamente en Chile el fútbol –por ser malos- no fue la píldora utilizada por los militares, sino que mujeres que hoy serían de silicona, Martes 13, el Festival de Viña en sus distintas versiones –con The Police o Faith No More incluidos, las puestas en escena después del noticiero de la noche.



El 11 hoy deja de ser aquella calle de Providencia, o el último robo de los estadounidenses desde América del Sur (una curiosa secuela de la idea de Bin Laden de usar American Arlines como el cohete lanzado desde un Hawker Hunter en 1973). Algo que por cierto, es más serio de lo que inicialmente suena: el cobre puede volverse a nacionalizar –si de algo sirviera-, en cambio hacerlo con un símbolo es imposible. Es un día sobre el cual es difícil decir algo nuevo, incluso decir algo. Quizá simplemente escuchar, y nada más.
En Santiago es un día distinto, dónde pese a saberlo recién lo comprendí hace unos años, en el 2005. Una ciudad que después de las cuatro se vuelve gris, que cierra temprano, que se va en silencio a sus casas. Donde en algunas partes la iluminación consiste en neumáticos ardiendo, se escuchan algunas balas al aire, las mismas que finalmente no fueron disparadas, salvo excepciones, por los hijos de la vía chilena al socialismo en su minuto. Menos aparecieron las famosas tropas cubanas o los cuadros de élite, que resultaron existir sólo en la propaganda. Hace 35 años Santiago no fue el Madrid de 1936 y pasó en cosa de horas a ser el de Mayo de 1939, enmudecido ante las tropas de Franco.
Una jornada donde las viejas preguntas volverán con una nueva vigencia. Donde anónimamente y sin saberlo se formule la vieja pregunta que, probablemente se ha hecho como suelen hacerse las cosas en Chile, al interior de la casa: ¿Papá, qué hiciste ese día? En TVN están dando El Baile, en CHV el Club de la Comedia (que hoy día no tiene gracia ver), en MEGA, el bodrio de cámaras ocultas y curiosamente en Canal 13, lo que se espera de un once. Como siempre después del 11, llega el día 12 y las viejas preguntas vuelven a quedar sin respuesta.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Un día de cajón


Perder por tres goles produce un efecto parecido que golear por cuatro, que es perder la proporción de las cosas. Pérdida de la razón que, dada la jornada de eliminatoria que acabamos de vivir en el Nacional de Santiago, es más que comprensible, porque gritar un gol no es para razonar. Prescindiendo de las dos estocadas de Luiz Fabiano y la el golazo de Robinho, ejercicio dudoso de poder realizar, la derrota con Brasil, aunque se contara dentro de los cálculos en el camino a Sudáfrica 2010, fue muy dolorosa, por motivos ya explicados.
Entre ellos, insistí en la comparación del tres cero con Paraguay, y en que fue un marcador raro. Si bien negar la superioridad de Brasil es de idiotas, creo que la derrota por tres goles de diferencia no fue la misma, también de tres goles de diferencia, en la primera fase de la Copa América de hace un año. Un equipo que pese a tener varios jugadores en común, es distinto.
Por eso, la victoria de hoy sobre Colombia era necesaria, no sólo por los puntos, sino por confirmar en goles y resultado, lo que se vio en pinceladas en las derrotas ante Paraguay y Brasil: un Chile que por pinceladas, ataca y no especula, con algo de ingenuidad y no poca convicción. El buen camino sigue claro, justo cuando comenzaban a reaparecer los Bonvallet, la polémica chanta, esta vez con Sanhueza como tonto útil.
Chile se vio distinto, algo más calmado pero con la calculadora dejada en casa y dedicado sólo a jugar. Esa misma línea, de atacar e ir de frente a los partidos, no confundir buscar el arco con ir a tontas ni a locas, ni confundir jugar con garra con hacer estupideces. Obviamente, en algunos partidos se nota más que en otros, pero en derrota, victoria o empate, se nota una idea a seguir.
La búsqueda de puntos y goles más o menos, en una eliminatoria como la sudamericana, nubla el panorama, como esos árboles que no dejan ver el bosque. La lluvia previa al partido puso paños fríos a la ansiedad provocada por la derrota del domingo. Como un síntoma de una noche a la que estamos pocos acostumbrados, un pequeño arcoíris apareció sobre el costado oriente del estadio, con un cielo esclarecido y un color de atardecer que sólo es posible de ver en Santiago cuando acaba de llover.
Así fue, pero no porque las estrellas esta noche se vieran más claras o algún conjuro. Tampoco un problema sicológico del equipo, sino simplemente frutos de un trabajo constante, que termina por rendir (aunque siempre hay que corregir y aprender). Chile formó prácticamente con el mismo equipo que perdió ante Brasil. Las excepciones fue el ingreso de Chupalla Fuentes en la defensa, el regreso de Estrada al mediocampo y el ingreso de Cereceda por Droguett. Reaparecieron los que debían aparecer: Medel, Estrada, Fernández, Suazo, etcétera. Nada más, ni menos. La sana y dulce revancha
En el fútbol, salvo la champa de pasto que desvíe un tiro, el error imprevisible, el penal caído del cielo (o de la mano de un árbitro amigo) o imponderables de esos, no hay improvisaciones, sino trabajo bien hecho, el que tarde o temprano se nota. Lástima por un lado que haya sido Colombia el bálsamo de nuestras heridas provocadas por el Scratch, porque es un equipo serio y que sin ser el cuco en persona, venía bien hasta antes de esta fecha. Pero cayó de cajón porque la actuación fue ante un buen equipo y por los puntos. Un equipo que no debiera derrumbarse como las imágenes del cuco en persona, (la Venezuela de Junio) o el Brasil tipo Andorra de hace cuatro días antes de esa fecha), levantada por diarios, radios y canales. Criaturas de las que, por cierto, renegaron paternidad apenas se volvieron impresentables. Pero eso es cuento viejo
Colombia, hasta el primer gol, y especialmente hasta el segundo, no fue un regalo de Dios por el Mes de la Patria o una especie de analgésico por las vísperas de un 11 de Septiembre. Podría incluso, haber hecho el gol antes que el marcador abierto por Jara , pero Chile, en las vísperas de una jornada donde salen año a año viejos fantasmas de su historia chilena y en un lugar donde nacieron muchos de ellos, supo en el fútbol alejar por una noche sus propios fantasmas y lograr lo que necesitábamos con urgencia: ganar de esta forma.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La odiosa fe de erratas.

Parafraseando a aquel filósofo de la vida llamado Pelayo Bobadilla (Teleserie Mala Conducta), "errar hummanum est". Gracias a mi amigo y casi exclusivo lector Mr M. (y sobre todo a que mi jefe no está y la corrección se hace instantáneamente), en la humilde crónica sobre el partido de Brasil hay un error feo. Australia ya no juega en Oceanía sino en Asia, y el cupo de repechaje de América del Sur es con el 4to de la Concacaf. Más allá que cambia un poco el sentido de lo escrito en el primer párrafo y algo en el segundo, ahora no tenemos cuatro cupos y medio, sino cuatro cupos y tres cuarto.

Monos con navaja.

Durante la previa de un partido, al igual que los futbolistas, el resto también debieramos hacer concentración, en especial los periodistas de fútbol. Por último que se dedicaran a hablar de otros deportes, pero no de fútbol. Obviamente, eso es un imposible, pero soñar es gratis. En general no tengo buena opinión de los periodistas, pero con los de fútbol, con esos tipos -como diría Serrat-, hay algo personal.
En este caso, exculpo a la Universidad respectiva. No creo que cursos más o menos de deportes los haga mejores. Es como que en el caso de los deportes, en especial el fútbol, el mercado funcionara a la inversa, una suerte de darwinismo pero al revés; la selección natural de la tontera. Aunque, como en la vida, en las redacciones deportivas tiene que darse algún caso tipo negrito de Harvard, el mercado en este caso al revés, es igual de cruel que funcionando al derecho.
Veamos el proceso. El primer filtro es la escuela. En los primeros años, como que al ver tu futuro como el reportero pelotudo –que no tiene que ser sinónimo de pelotero- espanta y como de paso, no te suma puntos con las mujeres, es normal que más de uno deserte. Verte a los treinta años, con la guata universitaria que ya no baja –aunque tu estómago se haya vuelto de minas después licenciarte- sin pelo, soltero, corto de plata, juntando boletos para rendir cuentas de caja chica a fin de mes, todo eso para escuchar a un tipo contestándote “no se nos dieron las cosas”…. es de valientes y masocas. Es como que te guste la Católica.
El segundo es la práctica profesional, partiendo si quedas en algún medio con deportes. Si sobrellevas esos tres meses funcionando de manera digna, agarrando rápido las mañas, haciendo simplemente lo que te piden, hablando cuando sólo sea necesario, tener el suficiente olfato para que el editor –jefe de prácticas- retenga tu apellido y el estómago para aguantar un servicio militar en el medio, o sea trabajando como (y más de una vez en) negro o boleteando, puedes considerarte parte de la familia del fútbol.
Como el requisito segundo es universal a otras secciones – o frentes informativos-, el tercero, y fundamental, es que te guste el medio. Más que inteligencia, como muchas cosas en la vida, la diferencia es saber hacerla. Pasado esto, entraste al gremio de la más idiota de las ramas del oficio; la familia del fútbol. En honor a la verdad, no sé si es la más oligofrénica, pero es la que más se ve, lee o escucha. La más evidente.
Curiosamente, los pocos periodistas de fútbol que he conocido son tipos más que inteligentes. En realidad no debiera haber problema, si hablar de fútbol no es monopolio de los idiotas. El problema, de estos tipos inteligentes, es cuando hablan de la pelota, transformándose automáticamente en pelotas. Aparece de la nada una especie de Hulk con la inteligencia de un diálogo de película porno. Hace unos meses estuve con un tipo que conocí en la U como alguien con dos dedos de frentes, y partiendo de esa base previa, le consulté con un ¿ y tú que estás en el medio, qué te parece Bielsa?
La respuesta me dejó sin respuesta, y sólo atiné a seguirle la corriente, moviendo la cabeza. Más que decirme, no me gusta este tipo por a,b.c o f, o un por último fracasó con Argentina, me salió con esta defensa medio corporativa que sale el gremio, que no los dejaban reportear, que no se decía nada en la ANFP, que Bielsa no hablaba, por ese lado fue el argumento. Si Bielsa no es Dios, y que meta la pata, por Dios que la mete, aunque creo que el balance desde hace un año es raya para la suma
A esta manada la conoceréis por sus frutos. Ya vimos el debate previo a los partidos con Bolivia y Venezuela, que dejaban a las finalistas del Miss Reeff como si fuese un debate entre Platón y Sócrates. Vimos como se dejó a Brasil como si fuese la selección de Andorra, y los medios, en una actitud (in) digna de la peor de las planchas, sólo mostraron la portada de La Cuarta el día domingo como si fuera el exclusivo medio que habló tonteras. Como si todo lo escrito, visto y escuchado, se borrase con el codo. En un sesudo análisis de una nota de MEGA en el noticiero de las nueve del miércoles se exponía de la ventajas físicas que los brasileños sacaron en el partido del domingo. Hasta ahí, bien. El problema es que la fortaleza física era solamente la altura. Se olvidaron de la velocidad, resistencia y sobre todo que son brasileños juegan fútbol desde antes de caminar. Independiente si Chile gane, pierda o empate mañana, esta chichita nos ha curado demasiado. Lamentablemente no creo que haya generación de reemplazo, porque el más inteligente de los tipos que pueden llegar a ser parte de esta familia, se mimetizan demasiado rápido, independientemente que siempre aparezca un negrito de Harvard por ese vecindario.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Brasil, nuevamente.


¿Brasil o Paraguay? Perder por tres a cero y de local siempre es duro. Si la pregunta fuera sobre si es peor perder frente a Brasil o Paraguay, lo lógico sería decir Paraguay. La razón es simple. En un zona clasificatoria con cuatro cupos y medio (por el repechaje con uno de Oceanía, que salvo un Tsunami borrara a Australia, casi seguro es Australia), donde estarán casi por siempre Brasil y Argentina, y en un contexto donde el sistema de todos contra todos probablemente siga vigente, a menos que la CSF (más bien la TV) diga otra cosa, la elección es obvia: Paraguay.
Cabe señalar que en América del Sur sólo jugaremos una clasificatoria cuando compita en nuestra zona Centroamérica y el Caribe, dónde México deje de ser una Australia sin repechaje. Pero pensar en ese escenario es sólo fútbol ficción, verso, porque los pasajes al Mundial de turno en esta parte del mundo parecen condenados a ser rifados agónicamente en esta lenta arena de Circo Romano llamada Eliminatoria Sudamericana. Las grandes selecciones europeas, al igual que sus agricultores, están acostumbrados a jugar con subsidios: España nunca jugará en el mismo grupo con Alemania, Francia e Italia. No obstante, esto no es un empedrado al que echarle la culpa, porque esta dura lucha es igual para cualquiera en el Subcontinente, incluso para Brasil o Argentina.
Después de esto, debiera seguir argumentando que fue más dura la derrota a fines del año pasado con Paraguay que la de esta noche, porque perder con Brasil debiera estar siempre en la calculadora. Pero, recurriendo a un lugar común (al final, uno siempre dice lugares comunes), el fútbol no se guía por la mera lógica, sino que caben en él extrañas sorpresas y partidos raros. El de anoche, como el de Paraguay (por eso la comparación) fue uno de ellos.
Chile apretando, jugando de frente y con un orden apreciable fácilmente, y sobre todo en los primeros minutos, buscando el arco casi como feligrés va hacia el cura por una ostia. Aunque al mismo tiempo, mostrando las fisuras que nos han costado caro; un tiro libre o una pelota mal perdida y sobre todo una capacidad enorme de crear opciones de gol y perderlas al mismo tiempo (en un mal sentido, lamentablemente los hombres también podemos caminar y comer chicle al mismo tiempo).
El libreto también tuvo una estructura parecida, con un dos cero anotado a punto de terminar el primer tiempo, aunque con matices. A diferencia del Paraguay de Martino, esta noche nos dio un par de balones de oxígeno que terminaron siendo simplemente dosis de morfina para una noche dolorosa, como fue la expulsión de Kléber y el penal atajado por Bravo a Ronaldinho. No contábamos que Valdivia hiciera lo que no debía hacer (aunque era calculable que podía pasar) , en especial porque una roja era más que esperable que se nos sacara, en honor a la ley de compensaciones que suelen hacer los árbitros en esta parte del mundo y por Valdivia mismo.
Perder con este Brasil es más duro porque molesta verlo jugar tan tácticamente –por decirlo elegantemente-, tan especulativo y con calculadora en mano. Porque Brasil nos ganó como solía jugar el Paraguay de Cesare Maldini, que en su versión de Martino nos pasó por encima de una, que da gusto verlo jugar. No hay que ser tan injustos con Dunga, pues hace rato que Brasil dejó de ser el jogo bonito, al menos desde que tengo uso de razón, con Lazaroni a fines de los 80’, pasando por Parreira, Scolari, Leao o Luxemburgo (quizá no tanto con Zagallo). En la práctica, la gran diferencia de Dunga con Luxmburgo –volviendo a las comparaciones- es que esta noche al ex capitán de Estados Unidos ’94 y Francia ’98 el tres a cero fue a su favor, y el Nacional fue el balón de oxígeno negado en estos pastos a Luxemburgo ocho años. Victoria pírrica para los brasileños, porque Dunga seguirá en la banca.
¿Y Chile? No jugó mal, pero si se pierde por tres cero, eso es un detalle que no parece tener mucha importancia. Duele más porque ahora estuvo Sánchez y Valdivia, y el estilo de Bielsa más puesto en práctica. Duele porque uno se da cuenta que, pese a todo seguimos estando en la senda correcta, y explicar eso cuando se pierde por tres a cero de local es realmente complicado y molesto hacerlo. El tema no es el regreso del Mago, porque mañana podría ser el del Fantasista, que a lo mejor espera en Roma con síndrome de hijo pródigo que lo llamen de vuelta. A lo mejor de tanto vivir en Roma se cree Julio César para salvar a Chile de la decadente República -léase ANFP. O bien cambiar de sede porque el Nacional es la mufa (a lo mejor jugar en lo que fue un Campo de Prisioneros es yeta). La respuesta parece ser otra alejada de las yetas: simplemente trabajar como la gente y acostumbrarse a seguir haciéndolo como se hace desde hace un año.
Chile no especula, va al frente, juega en orden –a veces demasiado en orden, lo que cae a veces en la confusión y predicibilidad. Pone sus cartas sobre la mesa y quien enfrente a Chile, sabe como jugará. Chile con Bielsa las tiene claras, uno sabe independientemente del resultado y que juegue bien, mal o más o menos, que el libreto será similar. Uno no ratonea, y aunque perder tres cero de local siempre hace perder de perspectiva las cosas, eso sigue siendo valiosos. Es cierto, no jugando como fotocopia de los italianos puedes perder partidos así (pero jugando como Locutín -aunque sea feo recordar esto cuando recién ha muerto- o don Nelson, podemos perder peor), pero aún perdiendo hay que ser dignos.
No hay que olvidar, aunque cueste, que este tres a cero no es el mismo que el partido de primera fase en Copa América del año pasado, cuando a Dunga no se le daba como caja. Aún duele perder así, porque uno sabe que no fue por ratones o por poco serios, sino porque el fútbol no premia siempre a quien juega de manera abierta y clara, buscando el arco y no la calculadora, sino al que mete los goles; El Chupete Suazo, y nosotros, lo aprendimos hoy de manera aleccionadora. También repasamos que en el fútbol, como en la vida, la lógica dice no siempre gana el que va de frente, sino al que la sabe hacer (aunque la vida, a la larga, siempre pasa la boleta por lo que uno hace o deja de hacer) Al vivo y no al trabajador, así es el camino largo y ojalá sepamos estar en él. Ojalá que nuestros ágiles de la prensa futbolera tambíen aprendan, el fútbol nunca hay que dar a nadie por muerto, menos a Brasil, aunque pedírle humildad a un gremio de capa caída es como pedírselo a un abc1 arruinado que mantiene un status que dejó de ser.